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Contrainformación [an error occurred while processing this directive] Julio 16, 2012


Objetivo Final: El Estado de Israel: Parte II
Romualdo Retamal Maureira

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                               Objetivo Final: El Estado de Israel

                                                    Parte II

Finalizada la II Guerra Mundial, murió la Sociedad de Naciones, a la cual EEUU nunca adhirió, y se fundó Las Naciones Unidas (ONU). Finalizada la I Guerra Mundial la Sociedad de Naciones había dejado la Palestina bajo el Mandato de Gran Bretaña (1922). La nueva Organización mundial propuso el 29 de noviembre de 1947 la partición de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, quedando Jerusalén bajo la administración de las Naciones Unidas. La mayoría de los judíos en Palestina aceptaron esta decisión, pero no así los árabes quienes la rechazaron.

La violencia entre las comunidades judías y árabes estalló inmediatamente en forma de guerra civil. Al anunciarse el final del mandato británico en Palestina, los judíos planearon declarar un estado independiente, lo cual los árabes estaban determinados a impedir. El 14 de mayo de 1948, el último de los soldados británicos abandonó Palestina hecho que los judíos, liderados por David Ben-Gurión, declararon en Tel Aviv la creación del Estado de Israel, de acuerdo al plan previsto por las Naciones Unidas. La resolución (81) de la ONU especificaba la creación de dos Estados: Israelita y Palestino. Los Palestinos no crearon su Estado por considerar que tanto la resolución como la repartición territorial eran ilegales por no tomar en cuenta la opinión de todo el mundo árabe mundial, que eran las únicas naciones víctimas de esta iniciativa impuesta por Francia, Gran Bretaña, EEUU y el movimiento Sionista mundial.

Hemos afirmado que la primera presencia importante de judíos en Palestina fue en 1878. Los jefes de la Agencia Judía concibieron desde el principio la inmigración como una colonización armada y construyeron una organización semiclandestina, el Haganah, de la que en 1935 se separó un brote terrorista de ultraderecha, el Irgun, cuyo lema era un mapa de Palestina y Transjordania atravesado por un brazo armado y un fusil con el lema hebreo Rak Kach (Sólo así).

Inicialmente estas organizaciones se limitaron a asegurar mediante el terrorismo la vigencia del boicot antiárabe, pero a partir de 1939 empezaron a prepararse para combatir, también a los ingleses. Curiosamente uno de esos preparativos consistió en el ingreso masivo de judíos en el ejército británico (que se preparaba para el enfrentamiento contra la Alemania Nazi): al final de la segunda guerra su número llegaría a 27.000 hombres, que serían el núcleo del ejército judío para la confrontación final en dos tiempos: contra los ingleses (porque los judíos aún estaban bajo la tutela del Mandato Inglés) y contra los árabes.

Podemos afirmar entonces que ya en los años 1878 al 1939 las comunas judías  expandidas por toda la Palestina (sobre todo bajo el Mandato Británico) estaban fuertemente armadas, aumentadas enormemente con el regreso de los judíos soldados británicos después de la II Guerra Mundial. Antes de triunfar el proyecto del Sionismo Mundial de hacer aceptar por la ONU un Estado judío en Palestina, los judíos ya establecidos en estas tierras recibieron material militar de Francia, Británicos y Checoslovaquia que era (en los años 40-45) el país que vendía más armas de Europa.

Casi todos los investigadores de aquellos años, concuerdan en que las armas vendidas y regaladas al eventual Estado judío se repartían de la manera siguiente: Armas pesadas de artillería: fusiles, revólveres, cañones, anti-aéreos, tanques, granadas y minas antipersonales, Checoslovaquia. Aviación: flotillas de aviones Mirages4 de última generación, Francia. Marina: Torpederos, submarinos, fragatas etc. de última generación, Gran Bretaña. Antes de 1948 Israel contaba con un ejército ultra bien armado de más de 50.000 mil soldados más los cientos de nuevos colonos que llegaban cada mes a Tel-Aviv..

La historia terrorista de los judíos antes de la guerra total

En septiembre de 1946 la Haganah había caracterizado al Irgun y la Banda Stern como “organizaciones que se ganan la vida mediante el gangsterismo, el contrabando, el tráfico de drogas en gran escala, el robo a mano armada, el mercado negro.”

Mientras la Haganah (Palmach brazo armado de la Agencia Judía), se definía como socialista y buscaba una imagen de respetabilidad, el Irgun evolucionaba hacia las posiciones fascistas que hoy sostiene el partido Herut, encabezado por el mismo Begin y la Banda Stern era un grupo de desesperados de ultraderecha.

A pesar de las acciones espectaculares del Irgun, Haganah fue siempre la organización de mayor peso y de ella surgieron los líderes, hasta hoy, del Estado de Israel. Como jefe militar aparecía Moshe Sneh. La cabeza real era Ben Gurion –luego primer ministro– y entre sus dirigentes figuraban Moshe Dayan, ex- ministro de Defensa, y el primer ministro Itshak Rabin.

Un comité anglonorteamericano de investigación sobre la violencia en Palestina describió en 1946 los efectivos de la Haganah: una fuerza territorial de reserva de 40.000 colonos, un ejército de campaña de 16.000, y una fuerza de choque, el Palmach, que oscilaba entre 2.000 y 6.000. El Irgun tenía de 3.000 a 5.000 combatientes; la Banda Stern alrededor de 300.

Separadas por ácidas disputas, estas tres fuerzas confluyeron rápidamente ante el anuncio de la retirada inglesa, aceptaron la hegemonía de la Haganah y pusieron en práctica el llamado Plan D, que consistía en aterrorizar a la población árabe en el período de vacío político comprendido desde el voto de la UN y la retirada inglesa y limpiar de árabes el Estado Judío y ocupar todo el territorio posible del Estado Árabe previsto por el Plan de Partición.

Las primeras operaciones combinadas de las organizaciones sionistas se desataron en diciembre de 1947 sobre la carretera que unía los dos principales baluartes judíos: la ciudad costera de Tel Aviv y el barrio judío de Jerusalén. La carretera estaba flanqueada por aldeas árabes, lo que equivalía al bloqueo de Jerusalén. La primera etapa consistió en operaciones de hostigamiento contra esas aldeas, duró hasta marzo de 1948 y dejó 1700 muertos. La ofensiva en gran escala comenzó el 3 de abril cuando el Palmach tomó por asalto la aldea de Qastall, situada sobre un cerro que dominaba la carretera.

Seis días después el Irgun con el conocimiento de la Haganah, desarrolló una operación que hasta el día de hoy aparece ante cien millones de árabes como el símbolo del horror: el asalto y la masacre de Deir Yassin. Deir Yassin era una pequeña aldea árabe situada cinco kilómetros al oeste de Jerusalén. No tenía importancia estratégica alguna y sus habitantes permanecían al margen de la conflagración. En la mañana del 9 de abril, 200 efectivos del Irgun y la Banda Stern entraron a sangre y fuego casa por casa, masacrando a 254 hombres, mujeres y niños, saquearon, violaron, mutilaron cadáveres y los arrojaron a una fosa común.

El baño de sangre de Deir Yassin –admitió después el escritor judío Arthur Koestler “fue la peor atrocidad cometida por los terroristas en toda su carrera.”

En su libro La Rebelión, el autor de la masacre, Menajem Begin, aclaró sus motivos. Después de Deir Yassin, dice, “un pánico sin límites asaltó a los árabes, que empezaron a huir en salvaguarda de sus vidas.” Esta fuga en masa se convirtió en un éxodo enloquecido e incontrolable. De los 800.000 árabes que vivían en el actual Estado de Israel, sólo quedaron 165.000.

La opinión de Begin es confirmada por Koestler: “La población árabe fue presa del pánico y escapó de sus pueblos y aldeas lanzando el lastimero grito: Deir Yassin. Huyeron de sus casas dejando a medio beber el último café en el pocillo de porcelana.”

Si los detalles de la masacre de Deir Yassin merecen un tratamiento aparte cuando se discuta el rol del terrorismo en las luchas palestinas, sus efectos políticos y militares se hicieron evidentes enseguida. Tres días después el Palmach tomó Kolonia sin lucha y dinamitó una por una las casas árabes. Cinco aldeas más fueron destruidas por la fuerza de choque del Haganah antes del 17 de abril con un saldo de 350 muertos. El 21 de abril, dice Begin, “todas las fuerzas judías penetraron en Haifa como un cuchillo entra en la manteca. Los árabes escapaban aterrados gritando Deir Yassin.” Haifa era la segunda ciudad de Palestina. En una semana su población se redujo de 60.000 a 9.000.

El 25 de abril el Irgun atacó Jaffa, la ciudad árabe contigua a Tel Aviv. Al principio hubo resistencia, pero después se repitió el fenómeno: los árabes escapaban por decenas de millares. Aquí no fue necesario el ejemplo de Deir Yassin: los últimos defensores de Jaffa fueron fusilados sobre el terreno, los sobrevivientes expulsados con lo puesto, y las casas dinamitadas una tras otra. El mismo día la Haganah tomó Acre. Bastó un megáfono y el anuncio de represalias, para que el éxodo se repitiera.

Mientras estos episodios se repetían en centenares de aldeas y decenas de millares de familias palestinas ambulaban por los caminos que conducían al Líbano, Siria, Jordania, las tropas británicas observaron con singular indiferencia, limitándose a impedir que los incipientes ejércitos de los países árabes violaran las fronteras del nuevo Estado de Israel.

El 14 de mayo las últimas columnas del ejército inglés desfilaron al son de las gaitas por las calles de Jerusalén. En el primer minuto del 15, una exclamación de júbilo brotó de las posiciones conquistadas por los israelíes: era el Día de la Independencia.

Nathan Chowsi, un judío que emigró a Palestina en 1906, ha calificado ese júbilo: “Los viejos colonos de Palestina podríamos relatar de qué manera nosotros, los judíos, expulsamos a los árabes de sus ciudades y sus aldeas… Aquí había un pueblo que vivió 1300 años en su propia tierra. Vinimos nosotros y convertimos a los árabes en trágicos refugiados. Y todavía nos atrevemos a calumniarlos y difamarlos, a ensuciar su nombre. En vez de sentirnos profundamente avergonzados por lo que hicimos, y tratar de enmendar todo el mal que hemos cometido, ayudando a esos infelices refugiados, justificamos nuestros actos terribles, y tratamos inclusive de glorificarlos.”

En una transmisión de la Haganah,  el grupo terrorista intimidando a los árabes a que abandonen este distrito antes de las 5:15 de la madrugada decía: Tengan piedad de sus mujeres y de sus hijos y salgan de este baño de sangre. Váyanse por el camino de Jericó, que todavía está abierto. Si se quedan, vendrá el desastre.

Aún no había amanecido el 15 de mayo de 1948, Día de la Independencia de Israel, cuando decenas de camiones equipados con altoparlantes transmitían este mensaje a las poblaciones árabes. El desastre que se invocaba no era una amenaza hueca. El recuerdo de la masacre de Deir Yassin se unía en la mente de los palestinos al de decenas de pueblos y ciudades ocupados a sangre y fuego.

El Plan Dalat o Plan D, puesto en ejecución por el alto mando de la Haganah, al que se plegaron las otras dos organizaciones terroristas Irgun y Stern- incluyó trece campañas militares en regla entre el 1º de abril (Operación Nachshon) y el 14 de mayo (Operaciones Ben Ami, Pitchfork y Schfilon). Ocho de ellas se desarrollaron fuera de Israel. El resultado de estas operaciones fue la ocupación de Haifa, Jaffa, Beisan, Acre, barrio residencial árabe de Jerusalén y otras poblaciones menores, así como la “purificación” de Galilea.

Antes que Ben Gurion proclamara el Estado de Israel en un museo de Tel Aviv, bajo un retrato de Teodoro Herzl fundador del sionismo, había ya 400.000 palestinos fugitivos. Pero en la madrugada del 15 las fuerzas israelíes cruzaron arrolladoramente las fronteras del Estado árabe consagrado por el Plan de Partición de la UN que, de ese modo, no llegó a existir. Es entonces cuando se produce, según la historia oficial israelí, pródiga en mitos, “la invasión de cinco poderosos ejércitos árabes contra el indefenso Estado de Israel.”

Después de la guerra del 48, cada bando hizo su balance militar. Solamente la Haganah, que en 1946 tenía 65.000 hombres (fuente británica) y en 1948, 90.000 (fuente israelí), contaba un año antes de la guerra con 10.000 fusiles, 1.900 metralletas, 600 ametralladoras y 768 morteros: en este caso la fuente es Ben Gurion. En los meses anteriores a la Partición, ese armamento se multiplicó merced a la introducción clandestina de una fábrica capaz de producir 100 metralletas y 50.000 balas por día. Y en vísperas de la guerra, agentes israelíes contrabandearon por barco y por avión millares de fusiles y ametralladoras checas.

Guerra de 1948

Inmediatamente a la declaración del estado de Israel, Egipto, Siria, Transjordania, Irak y el Líbano invadieron al nuevo estado. En una cruenta y desesperada guerra caracterizada por el uso de armamento improvisado y tácticas hábiles, los judíos pudieron eventualmente repeler el ataque árabe e inclusive avanzaron ocupando nuevos territorios. Un alto al fuego fue firmado por ambos bandos, estableciéndose que los territorios ocupados permanecerían en poder de Israel. Como resultado de esta guerra, Israel ocupó el territorio que le había asignado las Naciones Unidas, más una buena parte del territorio asignado a los árabes y la parte occidental de Jerusalén (Israel aumentó su territorio en un 50%). Quedaron en manos de los árabes la zona occidental del Jordán (conocida como Cisjordania luego de la anexión Jordana), ocupada por Transjordania y la franja de Gaza, ocupada por Egipto.

Uno puede preguntarse ¿Cómo pudo un Estado recién creado  haya podido ganar una guerra contra 5 países árabes a la vez?.  Egipto, Siria, Irak, Transjordiana y el Líbano, sin ser potencias pero, a lo menos, con ejércitos bien formados pero carentes de fuerza aérea y marítima. Una posible respuesta, ya que información oficial por los países involucrados, por lo menos en Occidente, no existe.

La coalición árabe era superior en efectivos en un 3 contra 1. En material de guerra de 4 contra 1 pero…su material bélico era viejo y, lo peor, completamente desarticulado.

Fuentes árabes estiman el total de sus fuerzas en 21.000 hombres mal equipados, con largas líneas de comunicaciones. En Egipto reinaba el corrompido rey Faruk, cuyo primer ministro Nokrashy no tenía el menor interés en mandar hombres a Palestina, desafiando a los ingleses que aún ocupaban el Canal de Suez. En Irak gobernaba un títere de los ingleses, Nuri as Said. Siria acababa de independizarse de los franceses y su ejército no superaba los 3.000 hombres. El ejército libanés tenía apenas 1.000 reclutas.

Cada país tenía su estado Mayor dirigido por reyes o mandatarios que nada sabían de estrategia militar. Nunca existió un Comando Unido. Es más, todos los países de la coalición árabe estaban de acuerdo en una sola cosa: Su oposición a la presencia judía en Palestina, por otro lado, cada país tenía sus propios intereses después de una posible victoria.

En 1949 bajo los auspicios de las Naciones Unidas se firmaron cuatro armisticios en Rodas (Grecia) entre Israel y Egipto, Jordania, Siria y Líbano, pero éstos en la práctica nunca llegaron a solucionar el problema de Palestina y la violencia en esta región continúa hasta nuestros días.

La guerra trajo la creación de una masa de 710.000 refugiados árabes y unos 800.000 refugiados judíos. Estos últimos se refieren a aquellos judíos que fueron obligados a abandonar los países árabes donde residían.

En Jerusalén, la Agencia Judía adoptó el Programa de Baltimore como política oficial del sionismo y se desligó del Mandato. Gran Bretaña había cumplido su ciclo. Iba a librar aún acciones de retaguardia, condenadas de antemano, pero dejaría en Medio Oriente –como en la India, como en Irlanda– la semilla de un conflicto inagotable. Los estadounidenses tomaron el relevo de los ingleses y no lo abandonaron hasta hoy.

 

Fuentes:

Fundación Educativa Héctor A. García

Gran Enciclopedia Rialp, Madrid, (cuneiforme e ideográfico) el jeroglífico egipcio y el silábico cuneiforme

AL-AQSA de Jerusalén: El derecho palestino, G. Jahshan, Ed. Amaru, 1972-80

Israel, Palestina. Verdades sobre un conflicto, Alain Gresh, Ed. Anagrama, 2002

Oriente Próximo, las claves del conflicto, Juan Altable, Ed. Sílex, Madrid 2000

AL-AQSA de Jerusalén: El derecho palestino, G. Jahshan, Ed. Amaru, 1972-80

Israel, Palestina. Verdades sobre un conflicto, Alain Gresh, Ed. Anagrama, 2002

Oriente Próximo, las claves del conflicto, Juan Altable, Ed. Sílex, Madrid 2000

Historia de Palestina, G. Kramer, Ed Siglo XXI, 2006

La tierra más disputada: El Sionismo, Israel y el conflicto de Palestina, Culla. Clara, Joan B., Ed. Alianza Editorial, 2005

*Diversos artículos de investigadores independientes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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