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Editorial [an error occurred while processing this directive] Julio 16, 2012


Objetivo Final: El Estado de Israel
Romualdo Retamal Maureira

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                                                Parte I

Desde la creación de la Sociedad de Naciones (1918) el movimiento sionista internacional, sobre todo en los EEUU, solicitaban y exigían el derecho de la diáspora judía de volver a “la tierra prometida” que les pertenecía desde los tiempos bíblicos y de la cual fueron expulsados por la fuerza de las armas, a fines de construir  allí el “Reino de Israel”. El territorio pedido era la Palestina. Finalizada la II Guerra Mundial, murió la Sociedad de Naciones, a la cual EEUU nunca adhirió, y se fundó Las Naciones Unidas (ONU). Finalizada la I Guerra Mundial la Sociedad de Naciones había dejado la Palestina bajo el Mandato de Gran Bretaña (1922). El holocausto que perpetuaron las hordas nazis matando a millares de personas de muchas nacionalidades, sobre todo, la persecución implacable de  los judíos, llenó de horror a la humanidad entera. La ONU por medio de su consejo de seguridad adoptó, con los votos en contra de todos los países árabes de la asamblea, la resolución del 29 de Noviembre de 1947 que especificaba la partición de la  Palestina en dos Estados, uno Judío, otro Palestino. En total, la partición entregada a los judíos representaba el 56% (14.500 k2) del territorio con una amplia franja mediterránea, con puertos y con salida al Mar Rojo y a la franja oeste del Jordán. La partición dio a los palestinos el 44% (11.383 k2) del territorio de Palestina. Desde ese mismo día, a la salida de la Asamblea se escucho la famosa frase repetida hasta hoy “echaremos a los judíos al mar”.

Esta es como la “historia oficial” de la creación del Estado de Israel…pero, como aconsejan los sabios, miremos hacia atrás para poder enderezar el futuro.

La colonización de la Palestina por los judíos comienza (de manera estructurada) en 1878 con la implantación de la primera colonia judía en Palestina. En aquellos años Palestina estaba bajo la administración del Imperio Otomano (Turquía). Desde la primera colonia judía en Palestina la historia del Medio Oriente sufre las transformaciones  más radicales de su historia moderna. Los sucesos se aceleran  sin respiro. He aquí una breve síntesis de los elementos más relevantes.

 1878 Se crea en Palestina la primera colonia sionista. El Imperio Otomano controlaba entonces el conjunto del Oriente árabe hasta Túnez.
1892 El Gobierno otomano, preocupado por la penetración de judíos europeos, prohíbe la adquisición de tierras a judíos no oriundos de Palestina.
1896 Theordor Herzl, el ideólogo del sionismo político de origen Húngaro, publica El Estado judío, en el que se defiende la creación de un Estado propio para la diáspora judía. Este documento bíblico-político dota a la diáspora  judía de un marco teórico y una línea clara de acción.
1897 Se celebra el Primer Congreso Sionista en Basilea (Suiza), donde se adopta un programa para la colonización de Palestina, tras rechazarse otras localizaciones en África y América Latina para el Estado judío. Se crea la Organización Sionista Mundial como plataforma del sionismo.
1916 Francia y Gran Bretaña firman en secreto el Acuerdo Sykes-Picot, que establece el reparto de Oriente Próximo entre ambas potencias coloniales previendo la derrota otomana al término de la Primera Guerra Mundial. Con ello, las potencias europeas traicionaban el compromiso con sus aliados árabes, a quienes habían garantizado el acceso a la independencia tras la retirada otomana del Oriente árabe.
1917 En carta dirigida por su ministro de Exteriores a Theordor Herlz, Gran Bretaña garantiza por medio de la Declaración Balfour el apoyo británico a la creación de un Hogar nacional judío en Palestina.
1922 El 4 de junio comienza el Mandato británico sobre Palestina, que facilitará la penetración de judíos sionistas. Se inician los primeros enfrentamientos entre palestinos, británicos y judíos sionistas.

destrozando una casa palestina
Terminadas las dos Guerras Mundiales, entre Noviembre de 1947 y marzo de 1949, las dos terceras partes del pueblo palestino fueron expulsadas de su patria. El 5% de la población nativa de Palestina fue eliminada a través de masacres, 800.000 palestinos de un total de 1.186.000 fueron arrancados de sus hogares y lanzados a un trágico exilio en campamentos de refugiados, que perduran hasta hoy. A estas personas además, les fueron confiscados todas sus propiedades y todos sus medios de vida, sus tierras, sus negocios, sus casas, sus plantaciones. El 78% de la tierra de Palestina fue entregado al Estado de Israel y Palestina, oficialmente desapareció del mapa.

Ahora nos enfrentaremos a un tema espinudo. El período anterior al año I de nuestra historia occidental entendido desde Babilonia y sus alrededores hasta el Nuevo Mundo que se ha auto-denominado de descendencia judeo-cristiana-romana. No es curioso entonces, ni menos extraño, que la historia de los territorios del Oriente Próximo hasta donde llegaron los europeos se relate bajo un prisma seudocientífico-religioso. En efecto, querer investigar la historia de la Palestina se toma invariantemente como referente los relatos bíblicos escondiendo, conscientemente por los historiadores e investigadores judeo-cristianos, los innumerables errores geográficos, de nombres y existencias de ciudades y hechos supuestamente históricos que contienen el Antiguo y Nuevo Testamento. Hay numerosa literatura que contradice lo afirmado en la Biblia. Lo más sorprende es que los sucesos, ya sean históricos o de Teología pura, es que éstos no aparecen en ningún escrito como sería lógico después de todos los descubrimientos realizados por investigadores, antropólogos, geólogos y arqueólogos durante casi 700 años de trabajo científico. Nada que confirme lo que afirma la Biblia se encuentra en jeroglíficos, o en tabletas de arcilla egipcias, sumerianas o cananeas, o en el silábico cuneiforme (3000 años a.C) . El ugarítico es el lenguaje de los textos cuneiformes descubiertos en Ugarit (Râs Shamra), pertenecientes a los siglos XIII-XIV a.C, o, para terminar, en los detallados informes enviados por los pre-cónsules al Emperador romano de turno (Palestina bajo el Imperio Romano, 70 a.C).  Obligados estamos entonces de contornear esta línea de investigación y acercarnos a los investigadores independientes, arqueólogos y antropólogos que han escrito sobre este tema.

 

Canaán, llamada por las tribus filisteos: Palestina

 Canaán es una zona con una larga historia, que remonta su ocupación hasta las fases neolíticas más tempranas, con importantes asentamientos a lo largo del tiempo, como Jericó, Ugarit, Jerusalén, Tiro, Sidón, Biblos, Damasco o Gaza. Fue habitado por pueblos muy diversos, como, fenicios, amorreos, jebuseos, hicsos, filisteos, arameos y hebreos, entre las tribus más numerosas. ¿Qué pasaría si los descendientes de estos pueblos exigieran que les devuelvan las tierras de sus ancestros, aunque no tengan ni Biblias ni Tóranas ni Coranes?

A medida que estas poblaciones se asentaban en las tierras de Canaán fueron construyendo pequeños reinos regidos según sus culturas y sus dioses disputándose los lugares y tierras más fértiles. Todo parece indicar que los Fenicios fueron el  primer pueblo que llegó a la hoy llamada Palestina. Grandes navegantes y constructores habrían llegado por el Mediterráneo.

Los Fenicios

Pueblo de la Antigüedad, instalado en la comarca costera que se extiende desde el Monte Carmelo hasta la desembocadura del Nar el Kebir. Los griegos, posiblemente desde tiempos micénicos, llamaron fenicios a los pobladores del país de Canaán. Etimológicamente, la palabra proviene del griego phoinix, que significa "púrpura", y es una derivación del nombre que los fenicios se daban a sí mismos desde, al menos, el III milenio a.C. Canaán era, en efecto, la tierra de la púrpura, la región de la costa del Mediterráneo que se extendía desde Tell Sukar hasta Gaza, y que actualmente abarcaría la mayor parte de la superficie del Líbano y parte de Siria y Palestina. La tierra de Canaán era en tiempos de los fenicios una estrecha franja costera delimitada por accidentes geográficos que la aislaban del interior: el mar al oeste, los desiertos de Siria y Arabia al sur y al este, y las cordilleras del Líbano bordeando como un gran farallón la costa, de tal forma que sólo era posible acceder a Fenicia a través de la región de Alepo, al norte, y de Damasco, al sur.

Étnicamente, los fenicios eran un pueblo de origen semita occidental, establecidos desde tiempos remotos en aquella región, de la que se creían autóctonos. Sin embargo, las tradiciones de la Antigüedad clásica les atribuyeron orígenes diversos. Herodoto afirmó que procedían del mar Rojo; Estrabón y Plinio situaron su origen en el Golfo Pérsico y, finalmente, el fenicio Filón de Biblos situó su origen en Canaán. Sobre este sustrato más antiguo de la población fenicia, se instalaron durante el II milenio otros pobladores como los amorreos, pertenecientes también al grupo de los semitas occidentales. Más tarde, otros elementos de origen hurrita e indoiranio se instalaron en el país, y desde la segunda mitad del II milenio se unieron a ellos otros grupos semitas, como los arameos y los israelitas, que al parecer llegaron a Canaán hacia 1300 a.C. Un siglo después, las invasiones de los Pueblos del Mar introdujeron nuevos elementos étnicos en la región. De resultas de la invasión, se instalaron en ella los peleset o filisteos, que dieron nombre al país entre Ascalón y Gaza: Palestina.

Es importante indicar que la aldea de Jerusalén (hoy en el centro de la controversia entre Israel y Palestinos, o quizás sería más justo decir, entre judíos, cristianos y musulmanes) estaba habitada por numerosas tribus por la fertilidad de sus tierras y excelente clima.

Como podemos ver los pueblos que poblaron Canaán fueron de origen Semita. Es decir, hablaban lenguas de origen semita. Según estudios diacrónicos s.XIX, se llegó a la conclusión de denominar el grupo de lenguas a que pertenecen el árabe, el hebreo-fenicio-cananeo, el acadio, el arameo, el asirio-babilónico, el sudarábigo y el etiópico como “lenguas semíticas”. La ignorancia de los investigadores de siglos anteriores al XIX consideraron como “razas” a estos grupos como si las personas llevaran información lingüística en los genes. Y así es como muchos se obstinaron en llamar “semitas” a los europeos de religión judía que cultivaban la lengua hebrea de la Biblia como lengua litúrgica, y a considerar de otra raza distinta a la de los europeos de religión cristiana cuya lengua de culto, sí alguna tenían, era el latín de los católicos romanos. Los europeos cristianos eran entonces, según estos criterios erróneos, de la raza “aria” y los judíos, de la raza semita. Esta estupidez persiste aún como idea ya que no es raro escuchar decir “anti-semita” al que odia a los judíos, debería decirse, en honor a la exactitud histórica, “anti-sionista”.

Ahora miremos el Presente. Que los sionistas, sobre todo los ortodoxos, hayan creado una leyenda, y una religión, partiendo de sus ancestros, los hebraicos, no tiene nada de malo ni sorprendente, muchos otros pueblos también lo han hecho, China, Egipto, India, la Arabia, etc.etc. Lo que es muy discutible e indecente es afirmar que la Palestina (Jerusalén incluida) es SU tierra por orden de Yahveh, Jehová, Abraham, Moisés o quién sea. Hemos visto que la Palestina estaba poblada muchos años antes que llegaran los Hebreos (judíos). 1330 a.C. y todos eran semitas, es decir, hablaban árabe o un dialecto muy parecido. La tesis de los sionistas es insostenible, sólo aceptable (con numerosas reticencias) por los que profesan las religiones judía y cristiana romana.

Fuentes:

Fundación Educativa Héctor A. García

Gran Enciclopedia Rialp, Madrid, (cuneiforme e ideográfico) el jeroglífico egipcio y el silábico cuneiforme

AL-AQSA de Jerusalen: El derecho palestino, G. Jahshan, Ed. Amaru, 1972-80

Israel, Palestina. Verdades sobre un conflicto, Alain Gresh, Ed. Anagrama, 2002

Oriente Próximo, las claves del conflicto, Juan Altable, Ed. Sílex, Madrid 2000

 


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