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Reflejos [an error occurred while processing this directive] Julio 21, 2012


Palimpsesto en tono menor
Romualdo Retamal

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 Versión Impresora 

 

 

Palimpsesto de mi pueblo y de nuestras gloriosas… FFAA

 

… esa borrasca que llegó a mi pueblo, allá, por los años 73, a ese pueblo que está escondido entre montañas y cordilleras, llegó amparada por la oscuridad que precede el canto de los gallos, fue una borrasca de escorias y vientos ardiendo como un resuello de dragón iracundo que ya había recorrido todo el país avasallando todo lo que le dio la gana, apareció en el pueblo con dos semanas de retraso, ya que al pueblo apenas lo conocían los que ahí moraban y un puñado de hacendados, la borrasca llegó vestida de pantera gritando desde el cajón que los lugareños llaman la Cueva del Diablo, llegó rebotando entre cordilleras y montañas para darse el impulso final y luego precipitarse sobre el pueblo con su carga de olores pestilentes, de odios escondidos, en un vano esfuerzo de aventar la memoria del pueblo y acabar de una vez con su miserable existencia, al estruendo natural se unieron plegarias, aullidos de lobos, ladridos de perros, gañidos de loros y gallinas y que la plaza colonial, prisionera en el núcleo central del huracán, desde su torre clerical quiso dar la alarma general emulando las trompetas de Jericó, pero el miedo pudo más que las campanas y entonces la nauseabunda borrasca oscureció el poblado y los campos impidiendo que naciera el día, enmudeció el canto de los tiuques y las bandurrias con alaridos de órdenes y estampidos de fuegos de cañones, entonces la repugnante borrasca abrió a patadas puertas ya marcadas, azotó los campos, pisoteó cultivos, arrasó chozas y persiguió con saña a voluntades de puños apretados, a sudores, a nombres, a mujeres, a niños y campesinos despavoridos, a papeles escritos y a esperanzas, succionando todo lo que era limpio hacia su centro, como una manera de lavar con sangre nueva su sucia historia, desde ese día mi pueblo no fue nunca más lo que fue, no lo fue más porque la borrasca se llevó todo lo de más valor pero dejó, aparte de su fétido horror, al sargento Mariano Benavidez, por ser el más malo, la borrasca lo plantó ahí como su representante exclusivo, promoviéndolo al grado de capitán y comisario dotándolo de poderes terrenales y divinos absolutos, terrenales porque bajo su reino no se movió nunca más una hoja si él no lo permitía y divino porque tuvo poder de vida y muerte sobre los mortales que bajo su yugo vivieron, en la madrugada del día siguiente, cuando la borrasca, con la satisfacción del deber cumplido, ya se había retirado con guaripola y redobles de tambores hacia sus oscuros orígenes en dirección de la Cueva del Diablo, el comisario Benavidez contempló con una vaga inquietud la plaza del mísero poblado; su torre colonial, que sirve de mirador desde la iglesia, yacía un poco torcida hacia su izquierda y casi borrada por una tela opaca de partículas de polvo, basuras, transpiraciones, miedos y rencores, luego, mirando a su alrededor, creyó imaginar que la tela, pesada como la borrasca y su memoria, se aconchaba en el pueblo provocándole la extraña sensación de que los que por ahí erraban más que humanos eran fantasmas…


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