Retroceder Home Correo Search Avanzar
     Palimpsesto 
 
 Relatos
 
 Reflejos
 
 Contrainformación
 
 Editorial
 
 Perfil
 
 Correo
Buscar

Reflejos [an error occurred while processing this directive] Julio 16, 2012


Homenaje a la memoria
Romualdo Retamal

Enviar por Correo-E
 Versión Impresora 

 Replica of Lascaux Cave Painting of a Bull and Horse - Corbis Collection

 

Miguel llama a la desesperada. No recibo aún la carta de mi hija y hoy es el último día de este año, mañana mi padre y yo estamos separados por ochocientos kilómetros de carreteras asfaltadas, polvorienta la única que tuerce valle adentro, hasta el pie de montaña que sombrea el pueblo donde nació él y madre hace ya de eso muchos, demasiados años. El río atraviesa el poblado de este a oeste, baja la cumbre nevada y se detiene sediento a mitad de camino al pueblo vecino. Casas no más altas aprietan la calle principal que termina al este, junto al monumento erigido a la memoria perdida de una historia mal contada, sin equilibrio necesario, perdida, por no creerla para aquéllos, difusa, por gastada, para éstos, mi padre, en medio de parrones secos, rodeado de ruidos ecuestres y botas espueleadas, me muestra una memoria latente, viva, como risa de niño, memoria suya perfumada de sandías y pelajes transpirados de animales acompañadores de pobreza campesina, puñado de tierra ardiente regada de ilusiones sudadas de sol a sol, sabana podrida de andares mixtos urdidos en cueros de neumáticos viejos, vieja la mirada también vieja la del padre de mi padre muerto con su puño en alto que sobresale en forma de cruz madera, ladeada, ya sin fuerza, entre matas de arbustos salvajes, allá, detrás de la cocina, en el patio de las empanadas, de la chicha de manzanas y de las cuecas bien pateadas para que mañana llueva.

 

            La memoria es sólo eso, mi padre no tiene nada más que la memoria viva para mostrarme, ella, la memoria suya, la mía, y la de vosotros, acostumbrada va contra corrientes, porfiada y más tenaz que la máquina historia oficial escrita en tomos, verborizada en aulas doctas, condensada en periódicos, escrita mecida y llevada por la corriente de los sucesos muertos, confortable sobre su cuna bíblica, ignorando, desde un punto de vista siempre inalterable, lo que ve y no cuenta, depurando de su alfabeto mestizo lo realmente vivido, los dolores de estómago, el andar cansado del denigrado, el aviso que no llega al patriota, el cuerpo deseado que no será nunca, la mirada que no te mira, pero yo - por tu memoria padre - en cambio, veo al padre de mi padre en su forma total, siento su presencia en mi existencia futura - padre, estoy contigo y con él y con ellas y con ellos - con la misma fuerza concreta con la que estoy con la pequeña Violeta, con sus dolores urdiendo lanillas de colores para tapizar el Louvre, con su pequeño cuerpo y rostro de raza perdida por tres galeones - ¡velas al oeste! -, estoy con ella en La Reina, reina en su carpita, junto al escopetazo de realidad sin ilusiones que silenció su voz no así su memoria de niña que juega que te juega entre las violetas de un jardín sin nombre.

 

            El padre del padre de tu padre padre me lleva de la mano por tus tierras, me obliga a urdir la memoria con la mirada con el loco afán de dejar hablar su sangre vieja de tanto alimentar tierras americanas engañadas. La sangre del azteca y el alacalufe cuentan la misma historia, llena de gestos heroicos, es verdad, pero éstos no logran borrar el final triste de cada relato. Las alegrías de nuestras razas viejas están escondidas en sus leyendas, y éstas, en aldeas impenetrables para el blanco vencedor porque no sólo se trata de descifrar la palabra incógnita sino también su mirada. Entre la historia oficial y aquella de las razas antiguas existe una frontera que el blanco ignora y que el mestizo injuria por haber nacido esclavo. El mestizo americano es parrandero, jugador y mujeriego, lo mismo que el blanco, pero pobre. La semilla foránea fecundada en tierra aborigen vive exiliada en su propia tierra porque sabe quién es el padre pero desconoce su madre. De Polo a Polo a la tierra americana la divide una frontera, la frontera del mestizo la llaman, del mestizo que de su padre aprendió muy bien su avaricia, el uso de la espada y el escudo de la cruz, pero olvidó su historia y eso es imperdonable, ya que nacer esclavo es un estigma, es cierto, pero ser un mestizo estigmatizado por otro mestizo es una injuria.

 

 

 

 

 

 

 


Top of  Page

Reflejos
La razón de la Desesperanza
Responso a mis hermanos muertos
El delgado hilo de la Vida
Rastros
Yo y mi Memoria declarativa
Palimpsesto en tono menor
Homenaje a la memoria