Julio 16, 2012 Retroceder Home Correo Search Avanzar

Reflejos
Rastros
Romualdo Retamal

Memoria, máquina del Tiempo

 

 

Hace algunos años, el mismo día mi padre llama y dice - Voy al pueblo de tu abuelo -, miro desde mi ventana el trapecio en plano acostado del océano, más allá de su base y los amuellados barcos, mis oídos llenos de sirenas de paquebotes náufragos, de lamentos de ballena huérfana, fijo mi mirada en mi memoria, en la avenida saturada de humanos y vehículos, en sonidos polifónicos de voces de olas de distintas alturas, me veo caminando hacia el cruce, lugar de encuentro entre mi hipotético futuro y lo que definitivamente sucederá. Voy tranquilo, con pan y en compañía de mi inseparable soledad, la tristeza bien equilibrada y la realidad en armonía con la esperanza, a pesar de mi cicatriz invisible de cartas no llegadas. Cansado, llego al cruce de mi cita, prenderé un cigarrillo lo fumo sin pensar, sólo mirando sin ver, hasta el momento en que prendo un cigarrillo, paseo y espero mi futuro que no llega, entonces, al alba, me acompaño volviendo a casa, a mi ventana, tranquilo con mi futuro lleno de sin futuro, saludo a mi memoria que mira el mar amanecido, llena sus aguas de solcitos y de escandalosos clamores de motores exigidos, neumáticos recalentados, bocinazos de impaciencias, estómagos hambrientos, enfermos que agonizan, curas afinando sermones, millones de mujeres de pieles diversas, seres pragmáticos economistas, políticos, abogados, dentistas y cirujanos, profesores preparando el curso, suelas gastadas de pie derecho de choferes de buses, todos y todo a un mismo nivel, inferior al nivel de mi memoria, nivel inferior que domino, comprendo, reflexiono, comparo, el superior, ni me domina ni lo domino, él es el perfecto equilibrio, el vuelo de pájaro que se desplaza sin aletear, el nivel superior es mi memoria y ésta es el mito, mi memoria es el manantial del cual sorbo la vida.