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Relatos [an error occurred while processing this directive] Julio 21, 2012


Entre la Espada y la Biblia: Capítulo II
Romualdo Retamal

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 Versión Impresora 

 

Capítulo II

 

El cabo se recostó a su lado y comenzó a sobarle los senos con pericia, lamió primero uno de ellos y luego comenzó a succionarlos lentamente, Melinda cerró los ojos y trató de combatir el deseo que le subía por su vientre, el padre de mi hijo, pensó mientras la boca del cabo buscaba su boca que ella le negaba, ¿qué pasa?, no tengas miedo, suavecito, déjame hacer, suavecito, murmuraba Poblete jadeando junto a su oído, era la voz, repitiendo las mismas cosas, su acento del norte, su olor a caballo sudado, el mismo tamaño de la mano que aprisiona su seno, el mismo rito, el mismo camino, la misma manera de acariciar su sexo, cada gesto, cada jadeo le confirma que era él, entonces Melinda luchaba contra su cerebro enardecido llenando sus huecos con imágenes de su cuerpo de niña violentado, llamando a todas las reservas de su rencor en un titánico esfuerzo por no sucumbir al deseo, llama entonces a las imágenes de su llanto, de su odio embravecido, a su asco, a su vida malgastada, sucia, a su maternidad inútil, las imágenes llegan, una tras otra con sus cargas de dolor…pero también llegan otras, sensaciones disfrazadas por el odio, permanentes, ocultas, no confesadas, entonces su joven naturaleza se rebela y le impone el recuerdo de su frenesí, su llanto de niña violentado, corrompido por sus propios quejidos del goce desconocido, obligada a reconocer la respuesta involuntaria de sus caderas, el terror y el placer frente al ataque forzado de miembros duros de tres ángeles encapuchados con pasamontaña negras que azotan sus muslos, recuerda su entrepierna mojada, estilando la orina del primer miedo, la sensación de muerte de su primera herida, luego su goce diabólico cuando era una y otra vez penetrada por la máscara negra de su dolor, y luego el silencio de su oscuridad, su cuerpo dolorido, manchado de babas y sudores mezclados, su orgullo de doncella hermosa ultrajado, su cuerpo admirado por miradas codiciosas por las calles expuesto, sin defensa, doblegado, domado, a la espera de su próximo dueño, adivinando quién será el próximo que vendrá a llenar su desolación y su soledad, entonces Melinda, como en sus sueños, no hace ningún gesto, deja que el miembro del cabo la maltrate, la violente, imaginando que engendra un hijo hermoso, entonces se queda mirando de lejos cómo su verdugo la posee, asiéndose a su cuello en su ahogo y, al final de su naufragio, lanzando un grito incomprensible se queda un momento suspendida y luego calla, de pie, junto al borde de la cama Arcanio pone el cuchillo en la garganta del cabo exclamando ¡Puta de mierda!, Y vos, callado el hocico, un movimiento, una palabra y te rajó el corazón, pero..., pero nada cabrón, Arcanio miró a Melinda con furia, ¿se lo decís tú mierda o yo…?.

 

Melinda relató su historia mirando al cabo a los ojos, deseando no ver el signo del arrepentido para poder respirar, para enfriar su cuerpo, para encender su odio, no te haremos nada, sólo quiero que me digas quiénes fueron los otros, terminó diciendo Melinda, ustedes se equivocan, dijo Poblete tartamudeando, yo jamás haría una cosa como usted dice señorita, olvidemos todo y aquí no ha pasado nada, te juro Arcanio que no diré nada a mis superiores, es más, si me dejan ir te diré un secreto Arcanio, ¿quiénes son los otros hijo de perra?, susurró Arcanio pegándose a él y dejando entrar suavemente la punta del cuchillo en el costado del cabo, para, para Arcanio, balbuceó temblando el cabo mirando sorprendido el hilillo de sangre resbalar por su cadera, fueron el comisario y el Ismael Fernández, mi comisario fue el que dio la orden de arrestar a la señorita, yo tuve que obedecer, ¿también te ordenaron violarme?, bueno señorita, ellos lo hicieron primero, mintió, yo lo hice porque usted es muy bella señorita, su cuerpo es el más bonito que he visto en mi vida, usted era tan jovencita que…, el cuchillo entró limpiamente en el costado del cabo cortando su aire y su sonido dejándolo sentado en el suelo, apoyado en la pared mirándolos con cara de estupor, están locos pendejos de mierda, dijo el cabo casi en un susurro, váyanse, diré que fue un ataque, un robo, cualquier cosa, váyanse, les prometo que no diré nada…Arcanio, el comisario sabe quiénes mataron a tu padre, a los del puente de Las Penas, él lo sabe Arcanio, yo te ayudaré a encontrarlos, te lo juro, ¿dónde puedo encontrar solo a ese hijo de puta del comisario?, preguntó Arcanio poniéndole el cuchillo en la garganta, mañana se va a encontrar con una mujer en la casa del lago, a las siete, es…, una tos le impide seguir hablando y cuando en su rostro comienza a bailar la muerte Melinda encuentra las fuerzas para arrebatarle el cuchillo a Arcanio....!Para Melinda!, le dice Arcanio,  ya no es necesario...

 

            Así pasó lo que ocurrirá mañana y yo caminando casi a medianoche por el maldito pueblo de tu niñez, acompañado de este cielo oscuro y de este silencio de cementerio mientras tú y el guatón Castañeda duermen a pata suelta entre aullidos de perros solos ¿sabes Ricardo?, me parece que tu pueblo tiene la dureza de una nuez vacía porque su alma tal vez está igual, vacía, vacía y dura como un coco sin jugo, lleno de llagas profundas como el yunque del herrero de tu pueblo, miro hacia la Cueva del Diablo y su Paso maldito franqueado por esas dos montañas llamadas Las moradas del Diablo cubierto todo el año por esa apretada niebla, espesa y agobiante y me dan ganas de comulgar, recorrer tu pueblo de noche es tarea agobiante Ricardo, tiene olor a sepultura con ruidos extraños, como si en cada esquina hubiera un milico emboscado listo para el zarpazo, como cuando caminamos por la ciudad Ricardo, sintiéndonos exiliados en nuestro propio barrio, nuestro barrio agonizado, con su caleta de almas náufragas y sus residuos diarios, resistiendo las amenazas de miradas gatunas bajo los cascos militares, vigilados, deambulando por entre jirones de vidas cautivas, entre gritos y garrotazos, entre torturas y asesinatos, en fin, ¿tú pueblo Ricardo?, dos, tres calles polvorientas con casas chatas, casas hechas de barro y paja, unas pegadas a la otra, como temiendo un malón mapuche,  con techos de dos aguas que luego se prolongan como uñas de bruja en largos parrones con pequeños balcones-ventanas que caen bizcos sobre estrechas veredas de pastelones de barro y de ladrillos acostados, en el centro del pueblo la plaza que tiene una fuente que más parece un abrevadero para animales, llena de árboles sobresaliendo esa higuera enorme y la vieja iglesia con su torre torcida... aquí, seguramente viven las autoridades del pueblo acompañados por carretas tiradas por bueyes, perros, gatos, chivos, cerdos, gallinas y guanacos, quizás también algunos semi-profesionales y profesionales como el cartero y casi toda la dotación de carabineros, que el pueblo llama pacos, más cuatro viudas con sus domésticas y sus gatos porque estoy seguro que en la periferia viven, rodeados de perdices, loros tricahues, pilpilenes, runrunes y becacinas, la peonada que trabaja en los fundos vecinos y todos los que no tienen dónde ir porque a tu pueblo Ricardo me cuesta decirle pueblo porque más parece una aldea de Salem, un aquelarre de brujas, sólo falta que se me aparezca una bruja diciendo abracadabra potito de rana, una casa de comercio de ropas, una ventanilla postal, chicherías, un aserradero que vende sólo tablones y vigas de 4x4, una carnicería-verdurería, un restorán que tiene mesitas que miran hacia la plaza, una comisaria llena de pacos y una Iglesia con un solo cura y se acabó tu pueblo Ricardo, sí, también hay aromos, boldos, sauces y una inmensa higuera alrededor de la fuente en medio de la plaza, me imagino que también en tu pueblo La Mecha suenan las campanas de la iglesia (tal vez a las seis de la mañana y siete de la tarde) haciendo volar palomas y pájaros de sus escondites en bandadas apretujadas borrando pedazos de cielo por instantes fugaces alejándose luego con piruetas extravagantes hasta perderse en nuevos refugios, también me imagino que hay riachuelos cantarines, mariposas y excrementos de animales desperdigados en sus calles expuestas al berrinche de mulas y gallinazos, todo eso lo comprendo, pero esta niebla que me pone la piel de gallina, estos pasos de memoria de difunto buscando algo, este olor a sepultura mal cerrada, esta nauseabunda secuela de borrasca mal parida, este hedor a odio como un rencor aconchado, este silencio que grita: aún no se juega la revancha esperen un poco cabrones no se vayan, no sean maricones, no escondan la pelota que aún queda por marcar más muertos, Ricardo tu pueblo es oscuros nubarrones, es reflejo de historia de hambrunas no saldadas, como esa silueta que avanza un minuto después de medianoche, es decir mañana, a paso forzado con el sombrero echado a los ojos, al tranco de su caballo orillando el río Ciego con su alma llena de nubarrones negros que anuncian tempestad mientras la lluvia cae sobre él como el diluvio de las santas escrituras desde un cielo oscuro que parece querer apearse sobre la tierra, del lomo y del poderoso cuello del animal se elevaban vapores de sudor que el viento contrario se encargaba de hacer desaparecer sobre los espinos dejando, suspendido por algunos segundos, un olor a amoníaco de sudor y tierra anegada, la figura humana va con su espalda encorvada y su cabeza echada hacia adelante como escudo, lleva las riendas sueltas, confiada en que el animal escogerá el camino menos accidentado, Esteban Aldaño va cargándose sobre el estribo derecho, tratando de que el lado izquierdo de su entrepierna no toque la montura para evitar el dolor agudo de su cadera, la bala que casi le hizo explotar su riñón izquierdo lo había imposibilitado de volver a montar pero ese día era necesario, avistó la luz de la lámpara que colgaba del techo de la casa, media hora más tarde dejó a Espuela que encontrara la barra, descendió y lo amarró junto al montón de leña apilado a un costado de la rústica casa de madera, la manta negra de castilla le pesaba sobre los hombros como la responsabilidad de lo que ocurrirá más tarde, golpeó la puerta con fuerza inclinándose para uno y otro lado facilitando la caída del agua por las esquinas de los dos extremos más largos de su manta que le llegaba más abajo de las rodillas, unos instantes más tarde se abrió tímidamente la puerta, se sacó el sombrero de huaso y entró, ¿Están sordos?, dijo como saludo, quién escucha nada con este temporal, le replicó su amigo Alberto Curaca, María sírvele al tiro un mate y trae la botella de aguardiente, ¿qué pasa Esteban para que salgas con un día así?. Esteban se sentó junto al fuego de un gran bracero acodado a una mesa hecha de troncos y dice... la toma se hace pasado mañana…, Arcanio sabe de alguno que participó en los desaparecidos del puente, murmuró Esteban, a mí me dijeron que también sabía quién era el que los delató, exclamó Alberto con ojos esperanzados, a Arcanio no hay que creerle mucho Alberto, se le arrancan los caballos muy seguido, ¿a qué hora es la toma?, preguntó María sentándose al lado de su esposo, bueno, eso es, contestó Esteban, hay que avisarle a los muchachos para que estén a las ocho de la noche…, con azadones, palas y todo lo que tengan a mano…, ¿la pedida es siempre la misma?, inquirió Anselmo, la misma Alberto, las 56 hectáreas del asentamiento Patria Nueva, el viejo Fernández tiene ordenado de correr balazo nomás, el viejo Ismael anda alzado, paonde va va con sus pistolas, no les servirán de nada Alberto... se hace la toma, se levanta el campamento y se comienza al tiro con la olla común para todos, si la cosa se pone muy fea el Galvarino y el Negro se las echan para la Argentina, atraviesan hasta la hacienda de los Iturraga, allá los van a esconder, ¿y tú Esteban?, preguntó María, ¿yo?, ellos ya me conocen, no me sacarán nunca nada, hay que estar alerta porque ahora los pacos comienzan con el desalojo al tiro, intervino Alberto llenando con agua hirviendo el mate, no podrán, le contestó con seguridad Esteban, estarán los abogados de la comunidad, se instalarán sesenta familias al tiro, además, en cuanto se sepa la noticia todos los campesinos del pueblo se van a ir a manifestar a la plaza, el apoyo de las regiones se irá midiendo a medida que la toma avance, todas las comunidades mapuches están con nosotros, hasta la últimas consecuencias, ésta la ganamos María, va a ser largo pero la vamos a ganar... entonces hirvió el agua y quedó lista para tirarle los tallarines, el metal estaba listo para la fragua, la hoguera para los desamparados, porque en tu pueblo Ricardo, aunque alumbre el Sol parece estar siempre nublado, pala, pico, chuzo y arado como tu padre Ricardo, tierra sudor pan y agua, así ¿quién puede ver el Sol?.

 

            -¡Maldito barrial de mierda! – exclamó furioso Arcanio tratando de aquietar su nerviosismo. Encontrar la casa del lago no tendría que ser muy complicado. El lago más cerca del pueblo era el que nacía del río Ciego que bajaba desde la cordillera convirtiéndose en lago a la altura de las tierras de los Pulgar. El otro cerca, cinco kilómetros más al Sur, se encontraba dentro de las tierras de la familia Puig Carmona por lo que era menos probable por su lejanía que el comisario diera cita a sus amantes en ese lugar. Los caminos habían amanecido con una capa de cinco centímetros de barro, Arcadio y Melinda resbalan a cada instante y la lluvia les impedía ver qué dirección llevaban. Cada cierto tiempo se guarecían debajo de un árbol y luego continuaban pesadamente, tomados de la mano, atravesando las pozas y los hoyos del camino viejo que aun servía para sacar las cosechas desde el interior de los fundos que bordeaban el lago Pantera. Eran pasadas las ocho de la mañana cuando lograron avistar una de las riberas del lago. – Mierda de lluvia – dijo Melinda – yo no veo ninguna casa por aquí.

- Debe estar medio escondida en el bosque – respondió Arcanio mirando alrededor suyo.

 

    Se fueron caminando hacia el borde oeste del lago. Entraron en el bosque de pino, Melinda se fue por el borde que daba al lago y Arcanio se interno en el bosque unos cuarenta metros acordando irse caminando paralelos uno del otro hasta bordear completamente el lago si era necesario. Arcanio encontró primero el camino, Melinda casi al mismo tiempo encontró la cabaña. A la cabaña se podía llegar por el camino ancho que pasaba orillando los primeros cerros que daban acceso a la precordillera. A unos setenta metros de la cabaña un letrero anunciaba: Cuidado, Terreno Privado, Polígono de Tiro. La advertencia estaba firmada por Carabineros de Chile. – ¡Terreno para tirarse las minas será hijos de puta! – exclamó Melinda. La cabaña estaba situada junto a un montículo de una veintena de metros de altura que bajaba con una suave pendiente hasta el lago. La puerta de la cabaña estaba protegida por un grueso candado. Arcanio y Melinda trataron de mirar a través de dos amplias ventanas protegidas por rejas y cortinas colgadas desde su interior.

-       Bueno – dijo Arcanio – no se ve una mierda…

-       No importa Arcanio – respondió Melinda – lo importante es que la encontramos.

            Se alejaron de la cabaña hacia el lago, llenaron la tetera con agua y subieron internándose en el bosque unos treinta metros. Hicieron un pequeño fuego y pusieron a calentar el agua, se recostaron cerca del fuego y se cubrieron con las frazadas.

-       Todo esto me parece una pesadilla Arcanio – dijo Melinda.

-       Una pesadilla buena Melinda – le contestó Arcanio encendiendo un cigarrillo.

-   Matar al Poblete me dio asco – dijo el alma de Melinda que miraba el fuego – nunca me creí capaz de matar, quizás me hubiera conformado con que él sufriera algo parecido a lo que sufrí yo, ¿me entiendes?

-   Quizás hubiera sido lo mejor Melinda, lo inaguantable es que a éstos no les sucede nunca nada malo – respondió el alma endurecida de Arcanio – ahí andan, con sus manos ensangrentadas pero como pavos reales, sólo porque tienen la fuerza a su lado, les dan un arma y se creen invencibles, maricones, he esperado más de veinte años, ¡veinte años Melinda! ver un día juzgados a los asesinos de mi padre, mi infancia, mi juventud perdida por el dolor y el rencor, viviendo con el recuerdo de mi familia destrozada, mi viejo por defender un Gobierno justo lo asesinaron porque las leyes no están hechas para gentes como nosotros Melinda, a nadie le importa que vivamos o muramos pobres, me cansé Melinda, me cansé de tanta injusticia, mira, si yo no te hubiera ayudado no estaría a punto de saber quiénes mataron a mi padre, ¿no crees que es como que el destino nos juntó para esto?...

-   Me lo he preguntado también Arcanio – respondió Melinda mirándolo con cariño – tú volviste de tu locura para vengarte, yo volví porque con el recuerdo de mi hijo y mi miseria no podía seguir viviendo…

-   Cuando terminemos con esto quizás podamos seguir viviendo Melinda, seguiremos pobres y miserables pero tranquilos, quizás podamos seguir buscando la manera de llegar a ser como queríamos ser…lo que yo sería capaz de ser si…si viviéramos en un país con justicia…yo no tendré ningún remordimiento Melinda, así como ellos, sin remordimientos, me importará un carajo, que sus familias sufran como nosotros Melinda, y sufrirán mucho más porque sabrán que ellos mataron a inocentes y nosotros no Melinda, nosotros mataremos culpables…

-   Es verdad Arcanio, es verdad, pero no sé, ya no estoy segura que la muerte de una persona pueda arreglar algo, es todo tan injusto, de repente me da un miedo terrible Arcanio, pienso que Dios existe y que él quiere que todo sea así, que existan pobres y que los afortunados hagan lo que quieran, que todo debe ser así, que así es la vida y que hay que aceptarla como nos llega…

-   No seas bruta Melinda – replicó Arcanio sirviendo dos tazas de café y colocando el pan y el queso cerca del fuego – es verdad que los que nacimos pobres estamos cagados pero de ahí a dejarnos aporrear hay que ser muy pendejo Melinda, la justicia nació tuerta Melinda, tuerta y sorda como Dios, sino luchamos por la mierda que ganamos o tenemos mejor es suicidarnos, no tener más hijos, morirnos todos…

 

            El Sol de mediodía comenzó a calentar una parte de la Tierra derrotando las nubes que cubrían el lago, de la misma manera, las mentes agotadas de Melinda y Arcanio fueron aflojando la resistencia que da la excitación que preceden los actos peligrosos, se fueron durmiendo lentamente mientras que en otros lugares, lejos de la selva humana, en otras selvas, otros animales de diferente naturaleza y pocos acostumbrados a preguntarse el porqué de las cosas, agazapados, escondidos entre malezas, sin rencor ni odio, acechaban a su próxima víctima porque, pareciera, que para estar tranquilo y satisfecho en esta Tierra se necesita matar.

 

            Le dije a mi General que no me enviara un cabo muy mujeriego, comentó riendo por el teléfono el comisario Ramón Huidobro mirando la noche por la ventana, porque al hueveta del Poblete a lo mejor se lo echó un indio celoso (…) sí, tengo seis a caballo por los fundos y dos en el furgón que me queda, yo tengo que salir a patrullar también porque no hay más vehículos (…) como siempre, sólo rumores, andan soliviantados los pendejos pero aquí no va a pasar nada de lo que te pasó a ti, yo les corro guaraca al tiro, ¿los abogados?, los meto a todos a la capacha, peones, indios y abogados, espera Juan Pablo, espera, el comisario se vuelve a mirar al oficial que le hacía señas para hablarle, ¿qué pasa oficial?, llegó la patrulla comisario, hay alguien que quiere hablarle urgente, que espere, le respondió el comisario, Juan Pablo, ¿se rumorea algo de la lista de ascensos?, (…) ¿cuándo vas a la capital?, (…) llámame, a lo mejor puedo ir contigo, oye, mi General me dijo que si se ponía brava la cosa te podía pedir refuerzos, bueno, mañana te llamo, saludos a Teresa y los ñoños, sí, aquí todos estamos bien, chao, colgó el teléfono y llamó al oficial, hágalo entrar oficial… Ahh, don Eliedoro, ¿se vino con la patrulla?, exclamó el comisario poniéndose de pie y extendiéndole la mano al recién llegado, sí comisario, los caminos son puros barriales, le contestó con voz lastimera Eliedoro jornalero en el fundo de los Puig, ¿qué le trae por acá don Eliedoro?, mañana hay una toma en el fundo de don Ismael comisario, ¿quiénes?, preguntó el comisario con voz metálica haciendo una seña para que Eliedoro tomara asiento,... ¿ves Ricardo?, tan simple como jugar al emboque, Eliodoros, Florianes y Carreños hay en todas partes, nos rodean, nos espían, nos pueden raptar en las calles, en nuestras casas, en matrimonios, en comuniones, en bailes, en oficinas, para meternos en autos grises con vidrios negros torturarnos y matarnos, como esos Ricardo están llenas las calles, pero como tu abuela Erminigildas hay muy pocas, que injusto, fueron sus historias las que te montaron a caballo sobre tus lecturas, te las contaba para secar tu llanto y para que pudieras dormir porque tu padre no llegaba y las reuniones de tu madre te aterraban, era por eso que tu abuela te contaba historias y porque tu anciana abuela, que tenía más de cien aňos y además leía lo que le ponían por delante sin lentes, desgranaba historias como desgrana un rosario una santa, del nombre de La Mecha, te contaba, en la Iglesia se guarda en un trozo de madera agusanado con palabras hechas con un objeto punzante que explica el origen del nombre de tu pueblo Ricardo, la madera dice: reynohuelén, por merced del Adelantado Diego del valle de Almagro que va y vuelve pronto. (¿!!!!?), no hay firma, bueno esto se explica, todos sabemos que el Adelantado era analfabeto y tuerto, pero ¿el va y vuelvo pronto?, misterio, decía parando su dedo índice como el Bautista, entonces el nombre La Mecha se debe a una brutalización que le hicieron los campesinos brutos de antaño a su verdadero nombre, La Merced, que con los años, debido al ingenio popular, mezcló el nombre original con un nombre más apropiado a su realidad, se transformó entonces en La Mecha ya que todo este valle fue propiedad de señores que en el tiempo de las guerras de las independencias se lo adjudicaron sin pagar un céntimo por él aduciendo razones reales de reyes desterrados, fue desde entonces, este valle, un valle de jolgorios para los señores que desde las colinas dirigieron las guerras y un valle de lágrimas para la peonada que abajo hizo las guerras, con el tiempo, que todo lo borra menos lo que queremos, las tierras fueron pasando de descendientes en descendientes como si éstos fuesen el pueblo elegido y se las hubiera regalado el profeta Abraham, convirtiendo, por este nimio detalle, todo el lugar en un polvorín al que sólo le faltaba encenderle, precisamente, la Mecha, y luego te sonreía con esa mirada irónica que te hacía olvidar tu dolor Ricardo,... tu abuela Ricardo, contaba las cosas como si leyera en un libro no escrito donde cada frase era una gota que surgía del manantial de su amplia memoria, por eso cuando lees te demoras siglos porque se te arranca la mirada hacia la ventana y comienzas a imaginar cosas que no están escritas y tu realidad se hace ficción, la dejas ir dejando espumas como los barcos que ves por tu ventana, por eso te dejó Cristina, porque ella te incitaba a la batalla y tú solo mirabas, porque ella era partidaria del ojo por ojo y el combo y la patada, de las batallas clandestinas y si necesario era, de la bala, y tú, en cambio, te bastaba tu soledad y el peligro de tu silencio y tu mirada de desprecio cuando cruzabas pacos o milicos por las calles, cuando Cristina hablaba tú sólo mirabas a tu madre esperanzada vestida con un pañuelo negro en su garganta con la foto de tu padre levantada gritando: ¿Dónde están? a los asesinos que se hacían los sordos y que apestaban más que el estiércol de tus polvorientas calles,... a propósito de estiércol, el comisario Huidobro, después de escuchar los informes negativos de las pesquisas sobre la muerte del cabo Poblete realizadas por las patrullas, tomó el teléfono y llamó a casa del Alcalde diciendo, soy el comisario, deme con el Alcalde, don Ignacio, mañana en la tarde se va a realizar una toma, le dijo escuetamente, en las tierras de don Ismael Fernández señor (…), yo ya tengo mis instrucciones, a usted le ruego que llame al gobernador provincial (…) mis órdenes son las de actuar enérgicamente (…), usted va conmigo, tiene que levantar un acta y entenderse con los abogados de esos pendejos (…), partiremos a las cuatro de la tarde, muy bien, avíseme si tiene novedades... y, ojo, maneje esta información como un secreto de Estado, ¿entendió?, miró la hora; las cinco treinta y ocho, bueno, ahora a hacerle el favor a la Chabelita se dijo con un sentimiento de regocijo yéndose hacia los baños de la Comisaría para tomar una ducha. A las seis y veinte subió al Jeep y se dirigió a la salida oeste del pueblo para tomar el camino más corto para llegar al lago, al pelotas del Poblete lo agarró un indio y lo hizo pebre, pero, ¿por qué desbarrancó el furgón en el puente Las Penas?, debe ser un familiar de los pasados a bala, mató al Poblete y dejó el mensaje el puta madre, ¿habrá sido alguien del pueblo?, el Poblete le tenía ganas a la Juanita de los Castañeda pero nadie ha dicho nada, si el Poblete se pisó a la Juana el guatón Castañeda hubiera alegado algo, la Isabel me lo hubiera dicho, hubiera pasado algo, no, no puede ser eso, puta madre de oficio, metido en un pueblo de mierda, así no voy a llegar nunca a General, ¿cómo cresta voy a solucionar el problema de Poblete?, no me va a quedar otra que agarrar a una docena de pueblerinos al azar y cortarles las bolas si no me dan algún indicio, ¿qué otra cosa puedo hacer?, quizás entre los subversivos de la toma está el criminal, ¡ésa sí que sería una suerte grande!, bueno, como los voy a meter a todos al calabozo de ahí tendré que sacar a un culpable, pueblo de mierda, se están poniendo irrespetuosos estos carajos, no saben quién soy estos huevones, no me han visto actuar, hasta ahora todo ha sido risitas y asados con hacendados, ya verán los ricachones de mierda, ya verán sus gallinas cluecas, paco p’allá, paco p’acá, ¿qué se han creído?, ¿que porque tienen dinero nos van a mangonear como empleados suyos?, está rica la cabrona de la Isabel, la Carlita también, debe tener unos veinte años la pendeja, ¿será tan puta como la madre?...

 

(Continuará…)

 


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