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Relatos [an error occurred while processing this directive] Julio 21, 2012


Entre la Espada y la Biblia: Capítulo V
Romualdo Retamal

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Capítulo V

 

A la mujer le dislocaron el cuello y señales de Huidobro no encontramos ninguna, dijo el Mayor buscando su cajetilla de cigarrillos, bueno, ésta huevada se complica cada vez más, el Poblete quizás víctima de un lío de faldas y ahora Huidobro a todas luces metido con la esposa de un notable, al General no le va a gustar nada, se va a poner más verde que mi gorra Salgado, hay que actuar con mucha cautela, nos estamos jugando la reputación de carabineros que ya está como el culo, creo que hay que comenzar a vislumbrar seriamente la posibilidad de que el imbécil de Huidobro mató a la mina y luego se fugó, aunque no me cabe en la cabeza un Huidobro fugado, ese huevón no hace esas cosas, el motivo del robo en la muerte de la mujer yo lo descarto, la cabaña estaba toda revuelta pero no faltaba nada y estaba cerrada con candado, también en la guantera del vehículo no faltaba nada, la mina estaba vestida con un collar, anillo y también su reloj, entonces, si no fue el robo ¿qué fue?, dos hipótesis Salgado; alguien mató a los dos por causa desconocida o lo que dijo el cura Juan es en parte verdad, Huidobro mató a la mina y después se escondió o escapó…, terminó diciendo el Mayor encendiendo un cigarrillo, yo creo que fue otro que los mató a los dos, estoy seguro, a Huidobro lo mataron mi Mayor, ese huevón no arranca, dijo con convicción el nuevo comisario, es verdad Salgado, pero, si fue otro quien mató a los dos, ¿cómo pudo quebrarle el pescuezo a la mujer?, para matar a alguien así debe conocerse la técnica, cualquier huevón no es capaz de hacerlo, además, si fue un salteador, ¿para qué mierda le va a quebrar el cuello?, una bala, una cuchillada y ya, no Salgado, a la mina la mató este huevón de Huidobro, pero si estaban cogiendo carajo, cómo, ¿para qué le hizo pebre el cogote mi Mayor?, el comisario es huevón caliente Salgado, todos sabemos lo que le hizo al subteniente Alonso, no contento con que le limpiara las botas y le limpiara la mierda a su caballo le comió su novia, el Huidobro cuando se calienta se vuelve obsesivo, yo creo que la Castañeda se le resistió y él la mató, cuando el cura le quiso poner a la difunta el cuello en su posición normal quedó la sonadera de huesos, algunos pacos se pusieron a reír, el padre casi se nos desmaya Salgado, la muerte es trágica y cómica, en el fondo somos todos unas cagadas, te das cuenta Salgado, la muerte a veces es para morirse de la risa…los dos hombres guardaron unos momentos de silencio, luego el Mayor dijo como pensando en voz alta, sí, tienes razón Salgado, pero si el comisario estaba cogiendo con la mina tendría que…pero, ¡pero qué huevón que soy!, exclamo el Mayor, el asesino mató al Huidobro después que éste huevón había matado a la Isabel, entonces, si lanzó al lago a la mujer tuvo que haber lanzado al lago también al comisario, ¡Hay que volver al lago!, hay que rastrear toda la orilla… tomada la decisión el Mayor salió velozmente del cuarto y comenzó a dar órdenes para impedir que los hombres ranas y la grúa volvieran a Aguas Turbias, prepare una patrulla oficial, volvemos al lago cuando todo esté listo…avísame... llegó diciendo el Mayor volviendo al cuarto, se sentó y se quedó pensativo dudando si no sería mejor idea la de dejar al cuerpo de Huidobro que se pudra en el lago y así evitarse las explicaciones, bueno mi Mayor, dijo el comisario Salgado, sólo nos queda el marido gorreado, él mató a los dos…Castañeda estuvo en la misa de las cinco, respondió el Mayor cerrando los ojos como filtrando con su memoria lo que decía, y su esposa estaba con él, la misa terminó pasadas las seis de la tarde, después se le vio en el pueblo buscando a su esposa según parece, la patrulla lo vio varias veces, dando vueltas por el pueblo en su auto como alma en pena, si fue él quien los mató tiene que haber sido entre las seis de la tarde, hora que la familia afirma que la mujer salió a probarse un vestido y las nueve, porque a partir de esa hora hasta la medianoche hay testigos que vieron a toda la familia en el vehículo buscando a la mujer, pero entre las seis y las nueve todo el mundo vio a Castañeda solo en su auto entrando y saliendo del pueblo, si hubiese matado hubiera necesitado el auto de Batman Salgado, la familia Castañeda llegó a la comisaría a buscar información a las doce menos diez y se quedaron aquí hasta que llegaron las patrullas, como a las dos de la mañana, hummm, poco tiempo tuvo para matarlos, además la familia afirma que todos estuvieron en casa esperando el regreso de la mujer, y testigos tienen, ¿no te parece que tienen una buena coartada?, para mí Mayor, el cura protege a alguien, al que le contó toda la historia, y ese alguien es el Castañeda, si Castañeda sabe todo lo que sabe es porque fue él quien los mató… a menos que a su vez Castañeda proteja a otra persona, pensó en voz alta el Mayor, ésta le contó a él y Castañeda para no meterse en líos nos mandó el cura... ¿Y tú Ricardo qué haces paseando por la plaza junto al banco donde vistes a tus padres tomados de la mano?, sumando dos más dos, diciéndote que habías elegido el día exacto para cumplir la promesa hecha a tu madre moribunda, respirando el aire de tu pueblo revivido, escuchando los rumores que repiten en susurros clandestinos...La Pena, el puente La Pena, mirando mientras entraba en el pueblo la comitiva sin cura que trajo el cuerpo del comisario Huidobro... no te sabes explicar la soledad de la plaza, además ya las palomas no comen migas de pan lanzadas por ancianos para cualquier lado y tampoco pueden hacer ejercicio escapando de ti que las correteabas por los prados de la plaza, ahora respiras ese olor del que te hablaba, ese temblor que siento en las piernas al caminar, ese temor que siento por ti porque puede cambiar tu mirada, tu manera de pensar, porque ese temor se pasea por aquí como uno más de los fantasmas que deambulan por tu pueblo, como las chillas, las gallinas de pescuezo colorado, como el loro agarrado en una sola pata, ya ni los perros pueden dormir en tu pueblo Ricardo porque ese temor hasta esculpido está, el corazón tallado hacía años en un árbol de la plaza con el escrito: Pablo ama a Inés se enfrenta ahora al árbol más imponente que luce otro escrito que grita: aquí murió el traidor Eliedoro Acuña, y como el miedo activa dos resortes del alma de la marioneta humana, la deja paralizada o la hace hacer burradas, don Ismael Fernández Alderete, por miedo, mandó a uno de sus peones a decirle al Mayor que Gustavo Castañeda era uno de los asesinos del puente Las Penas donde el año 1973 habían matado a unos campesinos que defendían una comunidad de tierras donada por el gobierno y que corrían rumores que el culpable del misterioso desaparecimiento del comisario Huidobro era el loco Arcanio Jara. El alma de don Ismael había encontrado que su miedo era justificado, habían asesinado al cabo Poblete y luego habían raptado, o quizás hasta asesinado, al comisario Huidobro, habían matado a los peones de Girón y a los suyos, sólo faltaba él, su hijo Víctor y Gustavo, y entre su hijo y él, él prefería que el próximo fuese Gustavo, por ese lado entonces estiraba su investigación, por lo pronto, le había anunciado a su hijo que este sería el último año que permanecía en sus terrenos, después de este verano, le había dicho, tú te harás cargo de todo, yo con tu madre nos vamos a vivir a Santiago... y como realizar el crimen perfecto es harto complicado, y como también el Mayor parecía no ser nada de tonto, poco esfuerzo le costó saber, por un viejo que acostumbraba sentarse en la plaza todo el día y que estaba muy enojado por lo que sucedía en el pueblo, que a Melinda el viejo la había visto acompañada del muchacho que trabaja en el burdel la Casa Azul, Arcanio Jara, que se había vuelto loco porque le habían matado al padre, por eso muy temprano ese día Rosa Luengo, la regenta de la casa Azul, con una sorprendente seguridad, le dijo al Mayor que, efectivamente, había trabajado allí Arcanio Jara, pero que se había enamorado de una de sus empleadas llamada Beatriz y habían partido hacía ya tiempo para el Norte a casarse, que ella no sabía nada más, cuando partió el Mayor, Rosa se fue llorando a su escritorio y comenzó a poner en orden sus asuntos financieros para poder partir del pueblo lo antes posible.

 

            El Mayor, satisfecho, le dijo al comisario Salgado, ¡Por fin vuelvo a mi casa!, arreglo este asunto de Huidobro y Poblete y con el resto del bollo te las arreglas tú, llamaré al General para comenzar a preparar la ceremonia de entrega de la medalla al valor póstuma por muerte en ejercicio a los dos y después me largo, muy bien mi Mayor, le contestó Salgado sumamente satisfecho, ¿vamos a la casa o lo traemos aquí?, vamos primero a comer un buen almuerzo luego vamos a ver la pendeja y a conocerle la casa, le respondió el Mayor Fonseca... la llegada del Mayor, el comisario y un furgón con cuatro carabineros ese comienzo de tarde sorprendió a todos los habitantes de la casa de los Castañeda. Gustavo, alertado de la llegada, tuvo apenas tiempo de llamar a Santiago al abogado Salazar, éste le gritó, ¡No digas nada, hasta que yo llegue no digas una palabra!...aunque te arresten ¡no digas nada!...llegaré a media tarde....o quizás antes si el maldito Paso está descubierto. Juana abrió el portón y el carabinero de guardia en la casa por la orden de arresto domiciliario a Gustavo Castañeda hizo el saludo regular a sus superiores, ¿nada nuevo Carreño?, le preguntó el Mayor al pasar a su lado, ¡negativo mi Mayor!, contestó Carreño. Gustavo los recibió en el salón y les invitó a tomar algo.

- Gracias señor Castañeda, quizás un vaso de agua, dijo el Mayor, para mí también si me hace el favor, agregó Salgado -. Gustavo salió un instante, le pidió a Juana de llevar agua y tranquilizó a sus hijos, luego volvió al salón y tomó asiento frente a las autoridades.

- Ustedes dirán, dijo entonces con voz segura.

- Hay novedades señor Castañeda, muy importantes…Entró Juana con los vasos y se volvió para retirarse, ¿Podría cerrar la puerta, por favor señorita?, le dijo a Juana el Mayor, Juana miró a Gustavo quien le hizo una seña de hacer lo que había pedido el Mayor.

- Señor Castañeda, comenzó diciendo el comisario Salgado, sabemos que usted es uno de los asesinos del puente Las Penas. El salto que dio el alma de Gustavo le hizo palidecer el rostro, creemos saber también quiénes mataron al capitán Poblete y al comisario Huidobro … ¿quiere usted agregar algo señor Castañeda?.

- Nada, nada hasta que llegue mi abogado, dijo en un susurro Gustavo con el más negro presentimiento, sólo una cosa, ¿quién me acusa de ser uno de los del puente?.

- Señor Castañeda, replicó el capitán Salgado, hasta ahora hemos sido bastante complacientes con usted, cosa que no hacemos con criminales. Gustavo lo miró con una rabia impotente, cálmese señor, cálmese, está usted en presencia de gente civilizada y para que vea que nosotros no nos escondemos detrás de secretos de confesión, le voy a decir quién lo acusa, es don Ismael Fernández, dice tener dos testigos que pueden repetirlo en los tribunales, ¿es usted culpable o no señor Castañeda?. Gustavo se quedó en silencio, su mirada perdida en el cielo claro detrás de la ventana, ¿Dios mío qué va a pasar con mis hijos?, el traidor, maldito traidor, todo lo planeó él, hace años que dicta la ley en este pueblo maldito, ¿y si yo lo acuso a él?, ¿con qué testigos?, ¡los compro, como hace él!, iremos a la cárcel juntos y no sólo yo, el imbécil, el mísero, y si puedo acercarme a él en la cárcel lo mató, como a un perro, viejo inmundo...

- Y señor, ¿culpable o no?, volvió a repetir la pregunta el comisario Salgado.

- Responderé en presencia de mi abogado señores… viene en camino...

- Muy bien, tiene cuatro horas, después lo metemos en la cárcel acusado de asesinato señor…

- ¿Y el asesinato de mi esposa, quién lo va a pagar?, dijo Gustavo sin pensar.

- El culpable ya lo pagó señor Castañeda, ¿qué más quiere?. Gustavo bajó la cabeza, estaba vencido, un cansancio letal le obligó afirmarse en los brazos de su silla por temor a desvanecerse,.. señor Castañeda, a propósito de la muerte del comisario Huidobro, prosiguió argumentando el Mayor, hemos pensado con el capitán Salgado proponerle una solución salomónica, entre caballeros ¿entiende usted?, que podría dejar contentos a moros y cristianos señor Castañeda. Gustavo levantó la mirada casi con sorpresa, así es señor Castañeda, con el capitán estamos convencidos de que el comisario Huidobro fue quien mató a su señora esposa señor, ¿las causas?, imposible de saberlas, de todos modos la relación amorosa que tenían los dos es ampliamente conocida por varios testigos, seremos sinceros con usted señor Castañeda, y lo seremos porque es usted un hombre honorable que merece respeto, a nuestra institución no le gusta que uno de sus miembros aparezca involucrado en una situación como la que hablamos, la proposición es la siguiente; usted responde a una sola pregunta que le haremos, sin hablar señor, nos basta una seña con la cabeza y nosotros olvidamos todo lo referente al puente y lo que pasó, ¿qué le parece?. ¡Dios mío!, me obligan a vender a los que me perdonaron la vida, ¡quieren culparlos de las dos muertes!, hijos de puta, indecentes de mierda... ¡los muy cretinos, debieron matarme, cretinos, imbéciles!. Un viento de locura casi nubla su cerebro, quiso reír de su miseria, de su estúpida vida, pensó darse a la fuga para que lo mataran por la espalda, pensó en sus hijos y respondió.

- De acuerdo señores. Las dos autoridades se miraron sin decir nada.

- Nos alegra señor Castañeda, es una decisión de un hombre sensato, el comisario sacó entonces un sobre de su carpeta y se lo pasó al Mayor, la pregunta es: ¿son éstas las personas que le contaron lo que pasó en el lago?.

- Ellos son Mayor, dijo Gustavo sin titubear, pero cuidado, ellos no han matado a nadie comisario...

- ¿Y cómo lo sabe usted señor Castañeda?

- Porque ellos me lo hubieran dicho comisario, le contestó con rudeza Gustavo, además son sólo unos chiquillos...

- ¿Se lo hubieran dicho?, ¿en qué mundo vive usted señor Castañeda?

- En un mundo donde hay demasiados criminales comisario...

- Muy bien señor Castañeda, dijo el Mayor satisfecho, usted en su mundo y yo en el mío, su deposición será secreta, sólo la conocerán los jueces del caso, desde este momento usted es libre señor Castañeda, lo volveremos a molestar durante el proceso, pero pierda cuidado, todo se hará en secreto, tiene usted mi palabra. Se pusieron de pie y partieron llevándose a Carreño. En el jeep de regreso a la comisaría el Mayor le dijo a Salgado, lista la carne para el asado, a estos dos pájaros les cargaremos la muertes de Huidobro y el de la mujer y todo arreglado. El abogado Salazar llegó a media tarde, junto a sus hijos, Gustavo justificó su traición diciendo que lo querían incriminar en unas muertes de hace años, el acusador era Ismael Fernández de un hecho que él desconocía, pero lo serio era que habían dos testigos que están dispuestos a confirmarlo ante el juez.

- ¡Pero eso no era serio Gustavo!, saltó el abogado Salazar, ¿por qué no me esperaste?, caíste en la trampa más conocida de todas…¡la puta madre!, a esos dos testigos los hago mierda en media hora Gustavo…pero qué…

- Cálmate Luis, no es para tanto, a mis informadores los andan buscando, qué le vamos a hacer, por ahora lo que yo quiero es poder avisarles lo que pasó, para que arranquen, estoy dispuesto a darles todo lo necesario para que dejen el país, se llaman Melinda y Arcanio, Luis, tengo que llegar a ellos antes que el comisario, ¿dónde buscar?, ¿quién los conocerá?, ustedes hijos, ¿no saben nada?.

- Yo nada papá, contestó Carla temblorosa, ¿Se llama Arcanio Jara papá?, preguntó Andrés, sí hijo, creo que es ése su nombre, le respondió Gustavo mirándolo con sorpresa.

- Es el loco Arcanio, trabaja en la casa de putas la Casa Azul…Gustavo salió corriendo hacia el exterior de la casa seguido de Luis Salazar, subieron al automóvil y partieron haciendo chirriar los neumáticos. El padre Juan dice que el alma humana puede contener las energías, sin superarse la una a la otra, de lo sublime y de la bajeza más espantosas, entre estos dos polos del alma el humano va abriéndose camino buscando saciar los deseos que su ambición le manda. La vida y el camino humano, que es la vida en movimiento, es entonces una empresa altamente peligrosa. Según el padre, la única manera de favorizar las energías que nos llevan por el camino de lo noble, es domesticar el alma, temperar los deseos, dijo más de una vez, es la puerta de entrada a una vida noble, honrada y tranquila, quizás tiene razón el padre Juan, de toda evidencia es el deseo que hace mover el mundo, sin deseos, y sin su consiguiente recompensa, nadie puede vivir, y es desde ahí, precisamente, desde las antípodas del deseo premiado con su concreción, es decir, del deseo no recompensado, es que surge la catástrofe de lo humano, y fue ese deseo ancestral, que nació junto al verbo, el que hizo que Gustavo Castañeda faltara a su promesa hecha teniendo una cruz como testigo, el deseo de venganza aún no recompensado que ahora atoraba su alma y que no sería satisfecho hasta matar a Ismael Fernández Alderete. Arcanio y Melinda habían ya avanzado por el mismo camino que Gustavo pero se habían encontrado con un puente casi inaccesible para ellos, la guardia pretoriana con la cual don Ismael andaba acompañado desde la muerte del comisario Huidobro. Sin haberse sentado a discutirlo, la naturaleza de las cosas y lo inextricable que tiene el destino y el alma humana habían hecho llegar a Arcanio, Melinda y Gustavo Castañeda a una misma conclusión: el titiritero manipulador que había actuado cobardemente en los últimos treinta años en el pueblo de La Mecha, amparado por la Fuerza y protegido por las Leyes fue, es y seguiría siéndolo hasta su muerte, el hacendado Ismael Fernández Alderete, descendiente indirecto de un biznieto de un nieto del capitán general Francisco Alderete de la Vaca, conde, por orden de la Extremadura, don Ismael, al cual sus peones le dicen el Tata, era además primo hermano de un general en retiro pero activo, padre de un hijo que aspira a ser general, tío de un sanedrín de derechas, padrino de matrimonio de un juez de la Corte Suprema, amigo íntimo de abogados, empresarios, senadores y diputados de sus misma estirpe y, finalmente, secretario secreto de una secta aristocrática fundada durante las guerras de la Independencia cuyos principios se basan en los preceptos que se infieren de las respuestas a las preguntas siguientes: referente a lo militar, ¿acaso no fueron ellos sus primeros generales?, ¿acaso las Fuerzas Armadas no fueron fundadas por ellos con sus peculios particulares? y, finalmente, ¿acaso no es por eso que por lo menos un hijo de cada familia de ellos escoge la carrera militar?, en cuanto al Estado, las preguntas eran: ¿acaso no fueron ellos los que crearon el Estado?, ¿acaso no eran ellos los que con sus impuestos pagaban los salarios de presidentes, embajadores, senadores y diputados?, porque, ¿quiénes eran los dueños de las riquezas de la nación?, porque ¿quiénes eran entonces los que hacían marchar el país?, porque ellos son progresistas conservadores, por eso les da lo mismo quién sea Presidente, siempre que ellos manden al presidente, y a los que no obedecen ellos se encargarán de que les sea imposible gobernar, en cuanto a la Santa Iglesia, ¿acaso uno de sus representantes no fue siempre su tesorero general?...

 

            Así como Carla se dolía de la indiferencia con que la naturaleza trata al humano, ésta, imperturbable y siempre hermosa, seguirá también, hasta el fin de la especie humana, siendo la única testigo objetiva e inmortal del caminar humano y sus consecuencias, ella parece muda e indiferente con los animales, incluido el mamífero humano, pero esto es puro parecido nomás, porque en el fondo de las cosas es ella quien lleva por el mango la sartén de las vidas. La Tierra, es el óvulo de la vida fermentado con el polvo cósmico que en infinitesimales instantes la abraza para deslumbrarnos con el espectacular milagro de la vida, es la madre-nodriza y la que nos acoge en su seno en nuestro descanso final, no es poca cosa todo esto, y ese día, ella, muda y haciéndose la indiferente, veía a Gustavo llegar hasta la Casa Azul en compañía de un amigo en su caminar hacia lo que se nombra, el llamado del destino. El rostro asustado de Rosa Luengo abrió unos cinco centímetros de puerta, estamos de feriado caballeros, hoy no atendemos, señora soy Gustavo Castañeda, necesito hablar urgente con usted, dijo Gustavo tratando de no asustarla, ¡Señor Castañeda! cuánto lo siento por su digna esposa pero hoy no hay ninguna chica que…no señora, vengo a hablarle de cosas importantes, déjese de hablar tonterías, déjenos entrar, exclamó perentoriamente Gustavo iracundo. Entraron a un salón y de pie Gustavo preguntó.

- ¿Conoce usted a Melinda Inostroza y Arcanio Jara señora…?, el rostro pálido y asustado de Rosa respondió sin necesidad de hablar.

- Señora, nosotros no somos de la policía, todo lo contrario, somos sus amigos, ellos están en peligro y queremos ayudarlos, ¿entiende?, ¿dónde les podemos ubicar?.

- No sé, fue lo único que pudo decir Rosa.

- Señora, usted les puede salvar la vida, ¿comprende?, se lo suplico, diga, ¿dónde los podemos ubicar?.

- No sé, volvió a repetir Rosa como un juguete a pilas trancado.

- Señora, dijo Salazar sacando una tarjeta de su billetera, soy el abogado Luis Salazar, el señor Castañeda es mi cliente, le aseguro que usted no corre ningún peligro, sólo nos mueve la compasión por estos muchachos, queremos advertirles de un gran peligro, si usted estima aunque sea un poco a estos jóvenes tiene que ayudarnos…

- ¿Vienen en automóvil…?, preguntó sorpresivamente el alma de Rosa.

- Por supuesto, contestó Gustavo.

- Entonces vamos…

Por los atajos más oscuros del atardecer va dando tumbos un auto BMW color gris negro, dentro de él, van; un abogado reputado por su eficacia, un asesino rico y una prostituta dueña de empresa, si alguien asegura que el destino no es imprevisible está viviendo con sus ojos cerrados, porque, muchas veces, la realidad supera la ficción, y, si aplicamos este dicho que ya es un lugar común, a la situación de Gustavo, tendríamos que afirmar que el destino de Gustavo de lo inmoral había derivado a una descabellada ficción. De esta somera constatación podríamos inferir, a modo de moraleja para aquellos que piensan que la vida es monótona y sin gracia, que donde no hay acción no hay distracción, y, corolario de esto, que más la acción es antagónica con las leyes y las costumbres, más la distracción promete ser excitante y peligrosa, igual que en las películas yanquis que tanto éxito tienen por esto mismo, y en eso iban pensando precisamente Gustavo y Rosa, en lo peligroso de sus situaciones a causa del paso que estaban dando, Gustavo venía maldiciendo en su interior la porquería de celular que traía en el bolsillo que no cubría el radio hasta La Mecha, necesitaba hablarle a sus hijos, para calmarlos y para saber si habían novedades, Rosa, por su parte, venía dialogando con su alma y su niñez, cuando dejó la escuela secundaria y se escapó de la casa con un amigo de su papá, de sus tres abortos, el último a causa de una golpiza del Alejandro, de su deambular solitario por calles de una ciudad desconocida, de sus plegarias sin respuestas, de su vergüenza, de su abandono, de su cuerpo marcado a fierro caliente por todos los extremos del sexo, de la posibilidad de escapar del pueblo con sus ahorros y poner una panadería cerca de la casa de sus padres, estaba calculando cuánto dinero le costaría ese proyecto cuando divisó el barracón de Esteban Aldaño junto a la colina, hizo señas a Gustavo de parar, se bajaron en silencio y comenzaron a subir hasta la casa, estaba completamente a oscuras, a pesar de que Rosa había visto un reflejo tenue de luz desde el auto en movimiento, faltando unos cuarenta metros antes de llegar a la casa, Rosa comenzó a decir quedamente - Melinda soy yo, Rosa, no tengan miedo, soy yo, Rosa, vengo con unos amigos que quieren ayudarte -, llegaron hasta la puerta del barracón, ésta se abrió y entraron, se le dio más gas a una lámpara de kerosén y se encontraron frente a Arcanio que les apuntaba con un revólver, a Melinda que miraba extrañada a Rosa y a Esteban que los miraba imperturbable. Antes que nadie dijera nada, Gustavo preguntó.

- ¿Tienen teléfono aquí?, Arcanio bajando el arma miró a Esteban.

- Sí, contestó serio Esteban, también hay piezas de invitados y una cancha de golf en el patio…

- ¿Qué lo trae por aquí señor Castañeda?, preguntó Arcanio mirando a Rosa con enojo.

- ¿Podemos sentarnos?, propuso Salazar como para aflojar la tensión. Se sentaron todos alrededor de una mesa hecha de tablones y Gustavo, ayudado en su nerviosismo por Salazar, contó toda la historia de lo sucedido después de la vez que se habían visto. Cuando los dos amigos terminaron de hablar se hizo un largo silencio, pesado, cargado de incertidumbre. Habló Esteban.

- Si he comprendido bien, usted señor Castañeda, traicionó el juramento que les hizo a Melinda y a Arcanio para tener la libertad de matar a Ismael Fernández.

- Así es señor, respondió Gustavo nervioso y turbado, yo soy el único que lo puede hacer…

- No me cabe la menor duda señor, le respondió Esteban con un tono de sarcasmo, usted tiene la experiencia necesaria para ese trabajo. Volvió su mirada hacia el abogado, usted sabe que el señor Castañeda es el asesino de…

- Lo sé señor, respondió secamente Salazar, sé todo…quiero agregar, si ustedes me permiten, que el señor Castañeda se vio obligado a confirmar lo que los policías ya sabían, incluso andaban con las fotos del señor y la señorita, se vio obligado para poder tener libertad para darles el aviso y para realizar la locura que se le metió en la cabeza…

- Es verdad, saltó Rosa, los pacos me fueron a ver antes a mí, yo no les dije nada pero ya sabían quiénes eran ustedes, se los juro que fue así… terminó diciendo Rosa sollozando.

- Está bien, dijo Arcanio resignado, muchas gracias y ahora váyanse… y no vuelvan porque si lo hacen otra vez  no salen vivos de aquí…

- Señor Jara, dijo entonces Gustavo con una voz temblorosa, en realidad mi presencia aquí es porque tengo algo que proponerles, todos los medios económicos y contactos que poseo están a la disposición de usted y de la señorita Inostroza, en tres horas los saco de aquí en helicóptero y los escondo en Santiago, de ahí los saco al país que ustedes quieran, por favor, acepten, no nos queda mucho tiempo…terminó diciendo Gustavo y se quedó mirando a los jóvenes con su alma sin aliento. Arcanio y Melinda se miraron y luego miraron a Esteban.

- Generosa oferta muchachos, mejor que atravesar la cordillera, yo no la dejaría pasar, dijo Esteban con una sonrisa donde había una pizca de amargura. Rosa se abrazó a Melinda suplicándole que aceptara, deja tu venganza a un lado hija mía, tú también Arcanio, no desperdicien sus vidas, ya hicieron bastante ahora vivan sus vidas libres y tranquilos, les suplicó.

- Yo acepto, dijo Melinda, vamos Arcanio, ya nada podemos hacer aquí…

- ¿Y qué nos prueba que lo que dice usted ahora es verdad?, preguntó Arcanio a Gustavo mirándolo con sus ojos oscuros y profundos.

- No me separaré de ustedes, un error y ustedes me matan, ¿de acuerdo?.

- Una cosa antes señor Castañeda, dijo Arcanio y sus ojos negros, ¿se puede saber el porqué de su inesperada resolución de matar a Ismael Alderete?, ¿acaso es para ayudarnos a terminar nuestro trabajo, o hay algo más?.

- Eso y mucho más, muy profundo y personal señor Jara, respondió Gustavo sosteniendo la mirada de Arcanio unos segundos.

- Vamos, dijo Arcanio tomando su bolso y abrazando a su amigo Esteban.

 

            El anciano los empujó al exterior con su rostro inundado de lágrimas, no se olviden nunca de su tierra y de sus amigos, les dice como despedida, lo juro por mi padre, le contestó Arcanio, y yo por mi hijo, agregó Melinda ya casi perdiéndose en la oscuridad en dirección al automóvil. ¿A dónde vamos?, preguntó Arcanio cuando el auto se puso en marcha, ¡a mi casa!, le contestó Gustavo presionando hasta el fondo el acelerador... volvió a recorrer el auto oscuros atajos y caminos casi impracticables, esta vez en su interior con un alma convencida de ser una asesina, con dos que no se creían asesinas, con una de abogado a punto de sufrir una crisis y con una prostituta agradecida de Dios y de todos los Santos. Eran las nueve y cuarto de la noche cuando el BMW se mostró en la plaza del pueblo, la rodeó lentamente y se detuvo frente al restorán, en las mesas que están sobre la vereda se encontraban algunos parroquianos que al ver a Gustavo y a su acompañante, se quedaron en silencio mirándose unos a otros como si hubiesen visto a un extraterrestre, uno, que estaba distante y solo en una mesa, los miró sin sorpresa teniendo la sensación de que su estadía en el pueblo de La Mecha se acababa. Pocos minutos antes, Rosa había descendido del automóvil en una oscura calle de la periferia, entre las sombras había tomado una mano de Gustavo y la había besado diciéndole que ella partía del pueblo a Santiago, con una vergüenza invisible por la oscuridad Gustavo le había dicho, si tienes problemas, llámame, en el guía está mi teléfono. Unos minutos después de los minutos de Rosa, Arcanio, Melinda y Gustavo habían descendido también del automóvil escondiéndose pegados al muro de piedras exterior trasero de la Quinta, Salazar había continuado con el automóvil rodeando lentamente dos veces la quinta hasta asegurarse que nadie observaba la casa escondido, luego se había detenido en el portón de entrada y había presionado el timbre. Cuando Juana se acercaba temerosa al portón le había dicho, soy yo, el abogado Salazar, rápido Juana, anda con los niños hasta el muro trasero de la quinta y lleva una cuerda para que los jóvenes puedan entrar a la casa, ¿qué jóvenes señor Salazar?, le había contestado la joven, los que fuimos a buscar idiota, anda, rápido, ¿hasta el muro de atrás señor Salazar?, mire que queda lejos, le había dicho con voz incrédula la joven, ¡hasta el muro de atrás mierda, ¡rápido!, le contestó autoritario el abogado. Salazar volvió a subir al automóvil y siguió rodeando la casa hasta el sitio en que estaba escondido Gustavo con los jóvenes, escondió el auto entre los árboles que acompañaban al muro, descendió y se fue a encontrar a Gustavo, se sentó junto a ellos, encendió un cigarrillo para hacer lo mismo que los otros hacían y todos esperaron en silencio. Quince minutos más tarde se escuchó la voz jadeante de Andrés, Papá, ¿estás ahí?, aquí estoy hijo, no tengas miedo, todo está bien, ¿trajiste la cuerda?, sí, ahí va papá. Una gruesa cuerda cayó junto a Melinda, ¿Andrés?, sí papá, ¿está Carla y Juana contigo?, todavía vienen corriendo papá, bueno hijo, cuando Arcanio y Melinda lleguen a la casa que coman y después los esconden en los cuartos del segundo piso, bueno papá, ¿y tú no vas a entrar?, yo vuelvo un poco más tarde hijo, bueno, suban, dijo Gustavo mirando a Melinda y Arcanio, si los traiciono pueden matar a mis hijos, no hable huevadas, le respondió Arcanio ayudando a subir a Melinda.

 

Gustavo y el abogado se sentaron alrededor de una mesa de la terraza que miraba hacia la plaza del pueblo, pidieron dos cervezas con un aire sereno y esperaron el pedido esperanzados de que todo el mundo los viera sentados allí, sobre todo, los furgones de carabineros o las parejas de a caballo. Las dos cervezas llegaron justo cuando un furgón de carabineros pasó lentamente frente a ellos con el rostro de un paco mirándolos descaradamente. Gustavo y Salazar intercambiaron una mirada. Encendiendo un cigarrillo Gustavo se dirigió al abogado con voz temblorosa.

- Gracias Luis sin tu ayuda creo que ya estaría muerto, dijo el rostro ajado y envejecido de Gustavo.

- No digas tonterías, te conozco más de treinta años y si hay un hombre fuerte, eres tú....

- Era Luis,...era, hoy ya no soy nada..., es decir, hoy sólo soy un criminal destrozado....Dime Luis, ¿cómo ves tú la situación?. Volvió a pasar el furgón de carabineros mientras sobre la plaza regresaban a sus casas algunas figuras silenciosas quizás de vuelta de la misa de ocho, Salazar alejó el silencio colocando su mano sobre el antebrazo de Gustavo diciendo:

- Para decírtelo brevemente Gustavo, yo diría que la veo como un empate, al ver la cara de sorpresa que puso Gustavo, Salazar continuó diciendo, mira, los pacos están en un túnel sin salida, saben que su comisario mató a Isabel, y que hay testigos y personas que podrían atestiguarlo, como tú y los jóvenes por ejemplo, saben también que de los que dispararon en el puente de Las Penas sólo quedan vivos tú, Ismael y su hijo, saben también que el cabo Poblete fue uno de los que disparó en el puente Las Penas, entonces, no les queda otra cosa que buscar una salida honrosa para su institución, porque de las otras muertes no tienen ninguna pista y, como se han dado las cosas, pueden pasar años investigando sin llegar a nada, sobre todo que esas muertes al Mayor le importan un bledo, en resumen, lo único que buscan es culpar a alguien de la muerte de los uniformados y, de paso, la de Isabel, y para eso, los jóvenes son las personas más indicadas, por sus historias, los acusan de subversivos y listo, aquí no ha pasado nada...

- Luis, tengo que salvar a esos jóvenes sino no podré dormir tranquilo el resto de mi vida, salvarlos y matar a Ismael...

- Te comprendo Gustavo, tus deseos de matar lo comprendo... mira, hace más de treinta años que me desayuno con la violencia, casi todos los casos que he defendido, por una u otra razón, tienen relación con un acto de venganza, por locura, por ambición, por avaricia, por amor, en nombre de la Ley, en fin, por lo que sea, hay veces que hasta he llegado a pensar que no hay nada más banal en el accionar humano que el sentimiento de venganza... 

- ¿Qué dices?, exclamó Gustavo creyendo que Salazar decía todo eso para animarlo.

- Es verdad Gustavo, la sociedad ha logrado atenuar un poco este sentimiento, las leyes y la justicia cumplen ese papel, pero cuando estos reductores sociales no cumplen su función con rapidez, imparcialidad y honestidad, el humano herido por alguna injusticia no satisfecha, vuelve a utilizar el ancestral y probado medio de Yavé, la Ley de Talión... es por esta razón que estoy junto a ti ayudando a estos jóvenes...

- Luis, no te comprendo, me sorprendes, dijo Gustavo apagando su cigarrillo en el cenicero, dime, ¿qué me estás queriendo decir?, estás justificando mi deseo de matar a Ismael o qué...

- Justamente Gustavo, le replicó el abogado, estoy tratando de hacerte entender que tu caso no es el de los jóvenes... la decisión final te corresponde a ti, pero piensa en esto... muy a menudo el enemigo más cruel y despiadado está dentro de uno mismo, ya mataste una vez, ahora tu desafío es este Gustavo: ¿quieres seguir viviendo como un ser humano o como un hombre Cromañón...?. Salazar miró su reloj y dijo, ¿Vamos?...

 

Cuando entraron a la casa, lo primero que vieron fue al padre Juan, ¿Y usted qué hace levantado a estas horas padre?, le preguntó Gustavo sorprendido, la indignación no me dejaba quieto Gustavo, le respondió el padre con una voz ronca, ¿Indignación?, ¿de qué habla padre?.

- El cuerpo de su esposa Gustavo, estuvo toda la tarde sola en la funeraria y nadie la fue a buscar, habíamos quedado que la llevaríamos a la iglesia ¿no?, ¿qué tienen en el corazón ustedes?.

- Tiene razón padre, perdóneme, hay muchas cosas que tengo que explicarle padre…

- Yo también – le respondió el sacerdote tomando por el hombro a Gustavo con un una mano temblorosa – tengo que decirte algo, ¿podemos hablar un minuto a solas?

- Vamos a mi escritorio padre – le contestó Gustavo guiándolo hacia la sala y cerrando la puerta a sus espaldas.

- Gustavo – empezó a decir el padre casi tartamudeando – Melinda me ha confesado que es la madre de Abel...

- ¿Qué dice usted padre?

- Abel es el producto de la violación que le hicieron a esta niña...Gustavo, Melinda me pidió que no le dijera a Abel, por ahora no quiere que se lo digamos, quiere saber qué va a pasar con su vida, cuando esté todo más tranquilo se lo diremos…Melinda y Arcanio me contaron todo lo que les ha sucedido, ¿te das cuenta hijo mío cómo todo esto que está ocurriendo es como la obra del Diablo?...

- Y padre, ¿inocentes o culpables? –

- Culpables hijo mío, pero con atenuantes inapelables, estos jóvenes han sido heridos con una crueldad inaceptable, la deuda que tienen con la sociedad por lo que han hecho ya está pagada con todos los años de sufrimientos que han vivido, merecen una segunda oportunidad, debemos salvar sus vidas hijo mío…

- Tranquilo padre, hoy toda esta pesadilla va a terminar, verá, todo saldrá bien...

- Hijo mío, con tal que el fin no sea un final apocalíptico... Hijo mío, ¿no tienes por aquí algo fuerte, como un coñac?.

 

Gustavo se levantó a las seis de la mañana, desayunó con Salazar sin despertar a los jóvenes y llamó a Juana para que se sentara a desayunar con ellos, Juana, hoy nos iremos todos a Santiago, no volveremos nunca más a este pueblo ni a este lugar, pondré en venta la quinta, yo te recompensaré por todo lo que has hecho por nosotros, puedes decirle a tus padres que tú tendrás siempre nuestra casa y nuestra ayuda para lo que tú quieras, Juana había comenzado a llorar, no llores Juana, tú sabes que te queremos mucho, eres de nuestra familia, fuerza, nos seguiremos viendo, nos llamarás cuando quieras, y si quieres estudiar o cualquier cosa en Santiago tendrás nuestra casa, ¿de acuerdo?, de acuerdo don Gustavo, yo comprendo y me alegro por ustedes, no se preocupe por mí, estaré bien con mis padres, vayan tranquilos y que Dios los ayude don Gustavo. Partieron a la iglesia dejando a Juana con el encargo de no abrir la puerta a nadie hasta que ellos llegaran, el padre los estaba esperando, colgado a la entrada de la iglesia Abel había colocado un cartel: la misa de ocho será por el descanso de la señora Isabel Mendoza de Castañeda. Siguieron juntos hasta la funeraria y cargaron el cuerpo de Isabel que yacía en un féretro de maderas toscas, volvieron a la iglesia y depositaron el cajón sobre una repisa cubierta de un mantel blanco que llegaba al suelo, Vayan ahora, dijo el padre a Gustavo y a su amigo, dejaron el automóvil estacionado junto a la iglesia y se fueron caminando hacia la comisaría. Los recibió el comisario Salgado.

- ¿El Mayor no está?, preguntó Salazar.

- Salió de madrugada a una comisión muy importante, respondió Salgado con voz punzante.

- Comisario, dijo Gustavo sin preámbulos, acabo de depositar el cuerpo de mi esposa en la iglesia, la misa de ocho se dedicará a su memoria, después me la llevo en helicóptero para ser enterrada en Santiago, ¿hay algún inconveniente para hacer esto comisario?.

- Por nuestra parte todo está en regla señor Castañeda, usted puede disponer, ¿a qué hora parte señor Castañeda?.

- A mediodía comisario, mis hijos partirán inmediatamente después de la misa, yo esperaré el helicóptero y luego partiré, ¿alguna otra cosa comisario?.

- Ninguna señor, le deseo buen viaje. El comisario se puso de pie y se despidió dándole la mano al abogado y a Gustavo, ya cruzando la plaza Salazar comentó, este gallo me crispa los nervios, en algo sucio deben andar, yo pienso lo mismo Luis, le contestó Gustavo, vamos, ¡volvamos rápido a la casa!...

 

 

(Continuará…)


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